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Mendoza: la buena música inundó los Caminos del Vino
La Orquesta Filarmónica y el Coro Universitario de Mendoza, más solistas de primer nivel, brindaron una logradísima versión del «Requiem» de Mozart, un punto alto en el Festival de Música Clásica por los Caminos del Vino.
Aunque cada uno de los espectáculos, de los que participaron músicos mendocinos, del resto de la Argentina y también internacionales, despertó su propia expectativa, uno de los más esperados fue el que tuvo lugar el viernes en el Teatro Independencia de la capital provincial, donde la Orquesta Filarmónica local, el laureado Coro Universitario de Mendoza dirigido por Silvana Vallesi y cuatro solistas de primer nivel (Soledad De La Rosa, Gloria López, Carlos Ullán y Marcelo Otegui) brindaron, a las órdenes de la brasileña Ligia Amadio, una logradísima versión del «Requiem» KV 626 de Mozart.
El Teatro, colmado hasta las últimas localidades, la vivó en un clima casi místico al que contribuyeron las palabras previas de la directora recordando la coincidencia con el Viernes Santo y las circunstancias que rodearon a la composición de esta obra mozartiana.
El día anterior, en esa misma sala el cuarteto con piano Orpheus (llegado de México aunque integrado por músicos búlgaros) había interpretado un bello programa: el poco frecuentado «Cuarteto en La menor» de Gustav Mahler y el «Cuarteto n° 1 en sol menor» opus 25 de Johannes Brahms. Con una profunda cohesión y una ejecución que supo conjugar brío y sutileza, el Orpheus fue una de las más bellas sorpresas de Caminos 2011. Otro concierto ovacionado de ese día fue el que brindó la directora artística del festival, la reconocida pianista y docente Dora De Marinis, junto a las rusas Tatiana Tchijova (violín) y Mariana Kononenko (cello) en el Teatro Quintanilla del centro mendocino, con el «Trío elegíaco» de Rachmaninov y «El valle de Obermann» de Liszt.
Dentro de la profusa oferta de conciertos del sábado (un total de 16), las bodegas acapararon la atención y la afluencia del público, comenzando por el recital de Soledad De La Rosa, al mediodía en Salentein (Tupungato). La cautivante línea vocal de la soprano, apoyada por la solvencia y musicalidad de Anaïs Crestin en un piano Pleyel, se lució en arias de ópera italiana, ante una multitud que invadió la cava de esta bodega. Más tarde, en otra factoría de vinos, Atamisque, el cuarteto Gianneo de Buenos Aires llenó el aire de la música del compositor que le da nombre, más la de otros como Dvorak (en una versión luminosa de su «Cuarteto Americano») y Piazzolla.
Por la noche, y entre muchas otras opciones atractivas, la música del Barroco inglés se trasladó a San Huberto, donde el ensamble local con instrumentos de época Violetta Club (dirigido por Gabriela Guembe, con Ramiro Albino en flauta y arpa y la soprano Griselda López Zalba como invitados) mostró calidad sonora, conocimiento del estilo y expresividad en ese delicado repertorio, que el público agradeció como una muestra más de que Mendoza es, además de la «tierra del sol y del buen vino», tierra de excelentes músicos.
*Enviada Especial


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