Mercados habían descontado anuncio, pero tienen otras incertidumbres

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Como todo el mundo, los mercados también descontaban que Cristina de Kirchner se presentaría a la reelección. La única duda que se atrevió a esbozar la semana pasada algún banco de inversión en Wall Street (el UBS) pasó por especular sobre la probabilidad de un triunfo de la Presidente en primera vuelta.

No habría que esperar una reacción de los bonos argentinos ni para arriba ni para abajo por la sencilla razón de que los actuales precios ya incluían el escenario de un intento por la reelección. Distinto hubiera sido el escenario si la primera mandataria hubiera optado por bajarse, considerando que este Gobierno no es precisamente amigable con los mercados. La ofensiva de la ANSES en el directorio de empresas privadas fue una muestra clara de esta postura.

¿Significa esto que los bonos, los cupones PBI o incluso las acciones quedarán relegados luego de esta reconfirmación? En realidad, un análisis objetivo indica que los precios de los activos argentinos se encuentran bien rezagados, incluso realizando una comparación regional. Desde que comenzó la crisis griega, el riesgo-país subió mucho más que el del resto de Latinoamérica y hoy triplica el de países como Perú, Uruguay, Chile y Colombia.

Casi nadie cree que el Gobierno tenga intenciones de no pagar la deuda o no honrar el pago anual de los cupones PBI que se avecina (en diciembre de 2011 y ya asegurado también el de 2012). Sin embargo, los precios están claramente castigados.

Sucede que para los inversores, el futuro de la política económica presenta una serie de desafíos que este Gobierno no termina de encarar. Y nadie sabe a ciencia cierta si estará dispuesto a hacerlo en caso de ganar en octubre. «Equipo que gana no se toca», lo resume el economista Carlos Melconian. Traducido a la situación actual: ¿por qué Cristina encarará cambios de rumbo si así le fue bien?

Es necesario, de todas maneras, distinguir entre la lectura de corto plazo y la de largo plazo. El primer análisis es la cuenta regresiva que comienza hoy hasta las elecciones. Las líneas que bajan de la Casa Rosada y que le interesan a los inversores (por supuesto también al público en general) son: continuar utilizando el dólar como ancla, como sucedió en 2010. No tanto para frenar la inflación, sino para evitar una mayor dolarización de portafolios o una caída de depósitos en pesos que rápidamente encendería luces amarillas. De la misma manera, tampoco habrá cambios en relación con las tasas de interés, que seguirán «planchadas» hasta los comicios.

Habrá que seguir con atención la evolución de la fuga de capitales, que se aceleró desde marzo. Ahora se nota un amesetamiento, pero en niveles superiores a los u$s 1.500 millones mensuales. No es dramática ni provocará una corrida cambiaria, pero impedirá que el Banco Central acumule reservas en un año electoral.

La única noticia relevante para los mercados que podría producirse hasta octubre, o en realidad en lo que resta de 2011, es un acuerdo con el Club de París. En TV, Amado Boudou, en «Ámbito de debate» la semana pasada dijo que buscarán cerrar «antes de fin de año». Si ocurre, podría darle un buen empujón a los precios de los bonos.

El objetivo, que no se mencionará durante toda la campaña, es retornar a los mercados el año próximo para financiar los vencimientos de deuda de 2012. Pero para eso, el riesgo-país debe caer del actual nivel de más de 600 puntos básicos a aproximadamente 450 puntos. No será una tarea sencilla lograrlo.

La incertidumbre, por lo tanto, se centra no en lo que puede suceder en los próximos meses, sino en la política poselectoral. ¿Habrá un plan antiinflacinoario?, ¿se acelerará la devaluación para no perder competitividad?, ¿empezarán a desarmar la política de millonarios subsidios, aceptando subas tarifarias?

Son las preguntas que replicarán una y otra vez en los próximos meses. Pero difícilmente Cristina esté dispuesta a dar las respuestas. Tranquilizar a los tenedores de bonos no estará dentro de sus prioridades en los próximos meses.

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