Mercados melancólicos

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A pocas ruedas del cierre de agosto, la comunidad de los índices bursátiles se calzó otra vez el uniforme de «astronauta» para quedar flotando en un espacio operativo que partió de ninguna parte para terminar en la nada.

Más allá de saldos europeos que, a favor de muy bajos volúmenes por ausencia de Londres, pudieron ser retocados en ganancia: el patrón de la jornada pasó por estar todos aguardando que llueva «algo» desde el seno del BCE, o jugar a que Bernanke -el viernes- extraiga nuevamente la billetera de la Reserva Federal. Un bolsón de expectativas que ya no dio ni para versiones dejó su estela por el Dow Jones, que decreció el 0,25 por ciento, atravesó San Pablo y descargó el 0,54% de baja, hasta amarrar en Buenos Aires y anclar al Merval en un resultado neutro. Tras tocar 2.458 en el mínimo, subiendo a los 2.473 en su punto máximo, el cierre resultó una cifra promedio: con 2.460 unidades y el porcentual que fue a los «James Bond» (un 0,07). Diferencias de 43 plazas con alzas, muy cerca las bajas -con 39 papeles- y todo yendo en la misma dirección: la de no forzar la situación, ante la falta de estímulos locales y globales.

Sin destino

En el monto negociado, una tenue variación en aumento, hasta alcanzar la cota de los 30 millones de pesos de efectivo. Un lunes para flotar y deambular sin destino cierto, lo que dejó una sensación de Bolsas presas en la «melancolía» de estar esperando por impulsos que no llegan, con versiones que no se cumplen y remando sin vientos que inflen las velas. Una «calma chicha» que no pudo ser soslayada. Y la Bolsa, soplando.

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