"Terminó el cuento de hadas", resumió el diario Der Spiegel tras dos semanas en las que Alemania y su canciller, del partido conservador CDU, quisieron dar un ejemplo al mundo acogiendo sin límite a los solicitantes de asilo.
Particularmente incómoda para Merkel fue la satisfacción del primer ministro húngaro, Víktor Orbán -líder de la postura dura ante los inmigrantes- que fue el primero en saludar ese giro de 180 grados, aludiendo a la "necesaria" reimplantación de controles fronterizos.
En términos menos diplomáticos, Henri Guaino, que fue asesor del expresidente conservador francés Nicolas Sarkozy, ironizó sobre el hecho de que "Alemania restablezca estos controles cuando hace pocas semanas Merkel afirmaba que quería recibir a 800.000 refugiados". "Además, lo hizo sin consultar a sus socios, sin consultar con sus vecinos, sin preocuparse por las consecuencias", agregó.
No es la primera vez que Merkel, una dirigente ultrapragmática y dispuesta a ajustar sus decisiones en función de la opinión pública, cambia de posición.
En 2011 tras la catástrofe de la central de Fukushima, en Japón, había cedido ante los ecologistas al decidir abandonar la energía nuclear, que hasta entonces defendía.
Pero sobre el tema de los refugiados, "la canciller jamás había tenido que cambiar tan espectacularmente de política", constató el diario Süddeutsche Zeitung. Merkel "deberá reconocer que, como nunca antes, se equivocó en la evaluación política de la situación", agrega.
El portavoz de Merkel, Steffen Seibert, negó que se tratara de un cambio de posición sino de una medida provisional para conocer merjor el perfil de los refugiados.
La decisión de volver a implantar controles para frenar el flujo de decenas de miles de refugiados que llegan desde los Balcanes, vía Hungría y Austria, fue tomada además en un contexto político interno que empezaba a ser amenazante para la canciller. El ala más conservadora de su familia política, la CSU, rama bávara de la CDU, había criticado en los últimos días la política de apertura del Gobierno frente a los refugiados.
En el seno de la CDU también hubo señales de disenso. Uno de sus dirigentes, Jens Jahn, dijo que la política de apertura "alienta" a los refugiados "a emprender camino hacia Alemania".
Merkel también recibió el fin de semana críticas de los jefes de Gobiernos regionales alemanes, por la política de apertura a los refugiados que congestionó de los centros de recepción. La situación del fin de semana en Múnich supuso una señal de alerta para el Gobierno, con la llegada de 20.000 solicitantes de asilo, algunos de los cuales tuvieron que dormir en la calle por falta de camas.
La opinión pública está desconcertada: ¿qué quiere realmente Merkel con los refugiados?
A principios de julio, dio la imagen de una canciller fría e inflexible, al explicar en un debate público a una sollozante adolescente palestina que Alemania no puede recibir a todos los refugiados del mundo.
Pero a principios de septiembre se hacía tomar fotos, sonriente, con un grupo de sirios en centro de acogida en Alemania, antes de volver el fin de semana a una política de firmeza.
| Agencia AFP |


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