"Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días, y nosotros tenemos que hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más. El flujo del capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas", dijo el Papa argentino, de 79 años, ante delegados sindicales y empresarios en un encuentro en Ciudad Juárez, en la última escala de su visita a México.
"La pobreza es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia. Es un lujo que nadie se puede dar; no se puede dejar solo y abandonado el presente y el futuro de México y para eso diálogo, confrontación, fuentes de trabajo que vayan creando este sendero constructivo", agregó.
"¿Qué quiere dejar México a sus hijos? ¿Quiere dejarles una memoria de explotación, de salarios insuficientes, de acoso laboral? ¿O quiere dejarles la cultura de la memoria de trabajo digno, del techo decoroso y de la tierra para trabajar?", interrogó Francisco y continuó preguntando: ¿Qué atmósfera van a respirar? ¿Un aire viciado por la corrupción, la violencia, la inseguridad y desconfianza o, por el contrario, un aire capaz de generar alternativas, generar renovación y cambio?".
El Papa terminó el encuentro invitándolos "a soñar" y "a construir el México que sus hijos se merecen; el México donde no haya personas de primera, segunda o cuarta, sino el México que sabe reconocer en el otro la dignidad del hijo de Dios".
Más temprano, en el Centro de Readaptación Social 3, una cárcel considerada años atrás de las más violentas del país, el Sumo Pontífice invitó a los reclusos a romper con su pasado de dolor en busca de una nueva vida.
"Ahora les puede tocar la parte más dura, más difícil, pero que posiblemente sea la que más fruto genere. Luchen desde acá dentro por revertir las situaciones que generan más exclusión", les dijo a unos 700 reos en el patio de la prisión.
"En la capacidad que tenga una sociedad de incluir a sus pobres, sus enfermos o sus presos, está la posibilidad de que ellos puedan sanar sus heridas y ser constructores de una buena convivencia", afirmó.
Después del mensaje, los invitó a orar en silencio y pensar en sus vidas. Las lágrimas corrieron por los rostros de varios. El Papa se acercó a saludar a un grupo de músicos de la cárcel y mantuvo sus manos entre las de ellos por un minuto.
Francisco abrazó uno por uno a medio centenar de presas y presos escogidos por su buena conducta. Algunos pasaron rápido. Otros le tomaron la mano, se arrodillaron o intercambiaron con él unas palabras. Además, les dejó como obsequio un crucifijo de cristal, representando la fragilidad del ser humano y la esperanza de una nueva vida.
El encuentro tuvo especial significación en México porque, un día antes de la llegada del Papa, 49 presos murieron en un motín en un penal Monterrey (norte).
Para cerrar la gira que lo llevó también al corazón del México indígena en Chiapas y a Michoacán, un estado dominado por los enfrentamientos entre cárteles del narcotráfico, Francisco ofició una misa masiva en un punto de la frontera entre México y Estados Unidos donde pudo ser visto desde ambos lados.
Desde primera hora de la mañana, miles de personas con banderines y camisetas con la leyenda "Yo amo al Papa" empezaron a llegar para esperar la misa en una explanada junto al fronterizo río Bravo, por donde cada año pasan centenares de migrantes en busca del sueño americano.
En el lado estadounidense de la frontera, cerca de 450 familias de migrantes indocumentados y solicitantes de asilo aguardaban, al cierre de esta edición, recibir la bendición del Pontífice.
Estaba prevista la participación de cerca de 250.000 personas provenientes desde varias partes de México pero también desde El Paso, ubicada en Texas, frente a Ciudad Juárez, donde habita una extensa población hispana y católica.
| Agencias Reuters, DPA, EFE, AFP y ANSA |

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