Casi dos años y medio después de la caída del régimen de Hosni Mubarak, Egipto se encuentra en una nueva encrucijada. Nadie sabe hacia dónde irá el país, pero las señales indican que habrá confrontación. La Hermandad Musulmana -de cuyas filas procede el primer jefe de Estado elegido libremente- movilizó a sus manifestantes a las calles para defender la conducción "legítima" del país. También la oposición se manifiesta desde el domingo en las calles. Y todos están esperando a ver qué hará el Ejército esta tarde, cuando venza el plazo.
Los militares son un Estado dentro del Estado en Egipto. El Ejército cuenta con sus propios tribunales y un imperio económico propio con empresas que producen desde televisores hasta aspiradoras.
Estados Unidos envía anualmente alrededor de 1.300 millones de dólares a las arcas del mayor poder bélico de la región. Nada funciona en el Nilo sin los militares, y eso lo saben también los aliados del país más poblado del mundo árabe. Ésa es la única explicación por la cual un ministro de Defensa le puede decir a su presidente qué hacer.
Ya en la "primavera árabe" de 2011, el Ejército tomó el poder que había dejado Mubarak y se quedó hasta el 30 de junio de 2012. En ese casi año y medio, Egipto fue testigo de numerosas protestas masivas contra los generales que probablemente no hayan lamentado demasiado su propia salida del poder. Ahora, existe nuevamente la amenaza de que Mursi pierda el poder a manos de los militares, lo que, por otro lado, festejan muchos egipcios.
La cúpula militar subraya que no quiere regresar a la política, sino sólo implementar una hoja de ruta para solucionar la crisis. Sin embargo, La Hermandad Musulmana está advertida. El movimiento y sus aliados anunciaron su resistencia y amenazan con sumir al país en el caos. Los analistas ya trazan comparaciones con la situación hace más de veinte años en Argelia, cuando los islamistas perdieron el poder a manos de los militares y el país se sumió en una brutal guerra civil.
Dos años y medio después de la "primavera árabe", Egipto está en una situación que podría escalar fácilmente. El país está profundamente dividido, la situación económica es catastrófica y empeora debido a los constantes disturbios. La Hermandad Musulman es, junto con los militares y la Policía, la fuerza mejor organizada del país y cuentan con muchos militantes. Tras la caída de Muamar Gadafi en Libia, llegaron muchas armas a Egipto.
"Por qué Egipto no es Argelia", escribió mientras tanto el profesor de Historia de la Universidad Americana Chalid Fahmi en la plataforma on line Mada. Según él, a diferencia de los islamistas argelinos, Mursi tuvo la oportunidad de salir bien parado. Sin embargo, fracasó.
Fahmi no cree que la Hermandad Musulmana se suma en una lucha armada, algo que los islamistas egipcios ya intentaron en los años 90. Los atentados y ataques no tuvieron el efecto deseado. El sistema no fue derrocado hasta muchos años después, y con manifestaciones masivas.
| Agencia DPA |


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