El Museo Arte Tigre propone, a través del montaje de textos y obras pictóricas, una novedosa interpretación para piezas de su colección.
Xul Solar. Un texto de Ana María Shua, “Botánica del caos”, acompaña la contemplación de esta obra
"Microrrelatos" (MAT, Museo Arte Tigre) propone adentrarse en algunas obras de su colección permanente para observarlas, como señaló su directora y curadora María José Herrera, con los propios ojos y los de la literatura. Esta conjunción ofrece un plus al contemplador ya que relatos e imágenes se retroalimentan.
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Acerca de "Veleros Iluminados" (1950), Quinquela Martín escribió en 1968 que "La Boca es un invento mío. Incorporé los colores de mis cuadros a la realidad edilicia, a los remolcadores que eran todos negros. Quisiera que lo que hice en Caminito se pudiera extender a todo el país." Horacio Zabala, con una imagen y lenguaje en las antípodas de Quinquela, presenta "Hipótesis XXV" (2010) y se refiere al área del arte como un dominio autónomo sólo en cuanto a su propio lenguaje poético, y un lenguaje poético es un sistema de significación para comunicar ideas. Difieren la imagen y el lenguaje pero lo poético en Quinquela era cambiar lo oscuro por el color para dar así alegría a su barrio, y Zabala busca integrar un lenguaje poético de investigación y una ideología política clara y concreta.
"Manplantas (1953) de Xul Solar está acompañada de un texto de Ana María Shua, "Botánica del caos" (2000). "Que los árboles, arbustos y otras especies vegetales también son capaces de sentir miedo lo prueba el hecho de que existan las plantas fantasmas. Los fantasmas vegetales sólo pueden ser percibidos por seres de un mismo reino". Entra así la escritora en el terreno onírico de un autor de utopías, "maestro de una escritura que nadie lee todavía...", como le gustaba presentarse al artista admirado por Borges.
Excelente montaje y una lectura diferente para una parte de la colección permanente de más de 200 obras del siglo XIX y XX.
Adriana Cimino Torres (Santa Fe) fue discípula de Ana Tarsia y estudió técnicas gráficas con Matilde Marín, Graciela Zar, Mabel Rubli y Ernesto Pesce. Se especializó en técnicas fotográficas aplicadas al grabado y la serie presentada, "Blanco y Negro", está relacionada con la técnica que aprendió en Barcelona. Grandes planos de un negro absoluto interrumpidos por cortes blancos establecen el clásico contraste, un juego óptico de síntesis y, como se señala en el texto, "están inspirados en el paisaje, trabajados con el ojo de la cámara fotográfica para pasar después a la piedra litográfica". Obra despojada que, aunque se asocie con el paisaje, sigue los cánones severos acerca de la autonomía de la imagen pictórica y a la caducidad de la pintura representativa.
Por el contrario, Guillermo Mac Loughlin se sirve de la geometría para retratar el paisaje portuario boquense al que en sus comienzos pintó con realismo. Desde hace varios años, esta imagen clásica se convirtió en otra abstracta que revela las estructuras de los puentes, verdaderas composiciones geométricas, en el entorno de la edificación precaria del barrio. Su repertorio de figuras geométricas, que hace foco en las líneas rectas tomadas de distintos ángulos, dan una visión distinta de aquello que pareciera tener una imagen fija. Mac Loughlin es uno de los más importantes serigrafistas de Argentina, reclamado habitualmente por editores especializados. Las cinco muestras pueden visitarse hasta abril. (Paseo Victorica 972, Tigre.)
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