Mirar el pasado para sancionar con equidad

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Como en la política nacional, hay quienes prefieren mirar hacia atrás y aplicar penas y castigos y, otros, apuntar el objetivo hacia adelante y «lo que pasó, pasó».

No se sabrá nunca cuál de las dos posturas es mejor, ni qué cantidad de adeptos tiene una u otra.

Lo cierto es que lo que el domingo pasó en River podría haberse evitado.

Como se publicó en estas páginas y en ámbito.com, el partido tendría que haberse jugado a puertas cerradas y en el interior del país, evitando el viaje de las hinchadas.

No hace falta ser sociólogo, pero contener a 300 o 400 hinchas violentos en los alrededores y cercanías del estadio hubiera sido más fácil que controlar a esos mismos 300 o 400 que agitaban a 60.000 más y se mezclaba entre la masa de hinchas pacíficos y destruidos por lo que pensaban nunca iba a ocurrir: el descenso de River.

Como aquellos políticos que miran hacia delante, lo que pasó, pasó. Ya fue.

Se dirá que esto debe tomarse como experiencia para que estos hechos nunca más sucedan. Lo cierto que en nuestro fútbol doméstico, esa experiencia nunca se capitaliza y los errores vuelven a cometerse.

No obstante, en este presente de River hay más dudas que certezas. Hay quienes dicen que Daniel Passarella y toda la comisión directiva deben dar un paso al costado y renunciar. Otros argumentan que se tienen que quedar y que deben refundar al club, luego de fundirlo con la ayuda previa del expresidente José María Aguilar.

Otros ya piensan en el futuro deportivo y mencionaron técnicos tan disímiles en características como Ramón Díaz y Ricardo Caruso Lombardi. Aunque finalmente anoche eligieron a Matías Almeyda, para reemplazar al renunciante Juan José López. Una jugada sumamente arriesgada, ya que el ahora exmediocampista hará su debut como entrenador en una categoría tan desconcocida por él como por todo River.

También hay jugadores como Fernando Cavenaghi que le comunicó a su representante que renuncia a su elevado contrato si es que River lo necesita y lo llama.

Ahora el club comenzará a transitar un mundo distinto y para salir lo más rápido de ese universo desconocido llamado B Nacional debe refundarse.

Lo más lógico sería respetando las instituciones democráticas. Es decir con Passarella al frente, pero con un Passarella abierto al diálogo y al apoyo que le puedan brindar otros sectores de la vida política de la institución.

Deberá mirar hacia adelante, pero en ese futuro tendrá que pagar las consecuencias violentas que produjeron sus hinchas tanto en Córdoba, como el domingo en su propio estadio y en los alrededores.

En su momento, tanto Nueva Chicago como Almirante Brown fueron sancionados con dureza.

En 2007 Chicago recibió a Tigre para determinar si seguía en Primera o descendía a la B Nacional. Iba perdiendo, su hinchada invadió el campo de juego, agredió a la gente visitante y los disturbios continuaron en las afueras del estadio, muriendo un simpatizante de Tigre.

A Chicago se le clausuró la cancha por 20 fechas y además se le quitó 18 puntos, lo que le obligaba a realizar una excelente campaña si no quería descender a la B, cosa que finalmente ocurrió.

A Almirante Brown, en el partido con Estudiantes de Buenos Aires, que lo catapultó a la B Nacional, también se le descontó 18 puntos, ya que su hinchada arrojó desde la segunda bandeja de la cancha de Racing una panchera en una disputa interna de su hinchada. Esto provocó que la temporada siguiente volviera a la Primera B.

Se habla que River puede comenzar a jugar en la B Nacional las cuatro o seis primera fechas como local fuera del estadio Monumental y recibir una quita de entre 3 y 6 puntos. Lo que representaría una pena leve si se la compara con la que recibieron en ese 2007 Chicago y Almirante Brown.

Ocurre que en el reglamento del Tribunal de Disciplina, cada artículo tiene un contraartículo donde se lo puede interpretar y aplicar políticamente como mejor les parezca y de acuerdo con los colores de las camisetas.

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