22 de mayo 2009 - 00:00

Moda en Londres: los libros sobre fiestas sin límites en la City

Tapa de uno de los libros en auge en Gran Bretaña, en el que abundan los detalles del «detrás de escena» del mercado londinense.
Tapa de uno de los libros en auge en Gran Bretaña, en el que abundan los detalles del «detrás de escena» del mercado londinense.
Londres - Sobran las teorías sobre las causas de la crisis financiera. Se han formado comités de expertos, y ganadores del Premio Nobel han escrito artículos en sus universidades. Pero un grupo de personas dice tener la respuesta.

Las editoriales de Londres -que podrían dar a los operadores bursátiles algunas lecciones sobre codicia y falta de perspectiva histórica- suponen que todo es culpa de las «lap dancers» o bailarinas eróticas y la cocaína. Los estantes de las librerías de esa ciudad están cargados de relatos sobre excesos hedonísticos en los mercados financieros. Títulos como «Cityboy» y «Binge Trading» están llenos de historias de noches en clubes de «strip tease» y jornadas de operación bursátil bajo los efectos de las drogas. Hay muchos libros parecidos en preparación, conforme las editoriales que se apuran a sumarse al desfile.

En un sentido, esto es una diversión inocua. A todos nos gusta leer de veinteañeros con demasiado dinero festejando como locos. Y aun así, también es dañino. La crisis del año pasado tuvo profundas raíces que nada tuvieron que ver con las bailarinas eróticas o la cocaína. Nadie podría haber pasado por alto la avalancha de títulos. El iniciador de la tendencia fue Geraint Anderson, ex analista de Dresdner Kleinwort, que transformó su columna «Cityboy» (chico de la City) en un libro enormemente exitoso. Con el subtítulo «Cerveza y asco en la milla cuadrada», Anderson destapa el lado más sensual de los mercados. «Sentado aquí, escuchando el suave sonido de las olas que bañan la orilla, con un vaso de chai en una mano y un porro en la otra, me consuelo pensando que es la hora del desquite», dice Anderson en su página web.

Otros están siguiendo una veta similar. En «How I Caused the Credit Crunch» (Cómo causé la crisis crediticia), Tetsuya Ishikawa, un ex empleado de Goldman Sachs, ofrece un relato ligeramente ficticio de la vida en los mercados. El libro de Seth Freedman, «Binge Trading» (borrachera de contrataciones), no pretende ser ficción. Su subtítulo - «La verdadera historia secreta del dinero, la cocaína y la corrupción en la City»- da una idea del contenido. «Parecía justo brindar, de la forma acostumbrada en la City, por el poder adquisitivo que acababa de conseguir; esto es, salir, comprar siete gramos de cocaína y pasar un buen rato», escribe Freedman de uno de sus primeros tratos financieros. Las cosas van cuesta abajo de ahí en adelante.

Sin análisis

Ahora las chicas se están sumando a la fiesta. Virgin Books ha comprado los derechos de «Citygirl» (chica de la City), basado en una columna periodística, que intenta publicar este año. En 2009, Venetia Thompson publicará «Gross Misconduct: The Last Year of Excess in the City» (Conducta desenfrenada: el último año de los excesos en la City). No esperen gran cosa en materia de análisis cuidadoso sobre política monetaria. «Ella festejó con tanto empeño como sus colegas, tomando todo lo que la vida ofrecía: las botellas de vino de 900 libras, los almuerzos de seis horas, los días al aire libre en el torneo Cartier de polo, las noches de champán en clubes de bailarinas eróticas, los bolsos Chanel y las relaciones sexuales insignificantes», dice la publicidad de la editorial. Gracias, Venetia. Ya nos hacemos una idea.

«Los dos tipos de libros que se están vendiendo mucho en estos momentos son los de escapismo y los libros que tratan de explicar lo que está pasando», dijo el agente literario Andrew Lownie. De esta forma, no es difícil ver lo que las editoriales están haciendo. «Cityboy» lleva vendidos 90.000 ejemplares hasta la fecha, según un informe en la revista Bookseller.

Hedonismo

Todos estos títulos promueven implícitamente la idea de que la crisis financiera es obra de un grupo de operadores jóvenes, con excesivos sueldos, que tomaban champán y aspiraban cocaína en inodoros de clubes nocturnos. Hay algo de cierto en esto. En Londres, como en otros centros financieros, hubo muchos ejemplos de hedonismo. Los narcotraficantes y las bailarinas eróticas hicieron dinero con la burbuja. Al igual que los agentes inmobiliarios, los vendedores de champán y los vendedores de autos Bentley. Y aun así, eso fue tan sólo uno de muchos síntomas de la locura desatada durante el gran mercado alcista de 2003-07. No fue la causa de la crisis financiera, como los relámpagos no son la causa de las tormentas eléctricas.

Sería excesivo condenar a los autores. Después de todo, son negociantes. El tiempo que pasaron en la City les habrá enseñado algo sobre la oferta y la demanda. Porque es evidente que hay demanda de estos tipos de libros; ellos sencillamente se están ganando la vida suministrándolos. «Les hace lo que de lo contrario sería un libro bastante árido sobre los mercados de crédito, mucho más agradable a las editoriales», dijo Ishikawa en una entrevista telefónica.

Causas

Entonces: de la misma manera que los médicos dan a los niños una cucharada de azúcar para bajar un remedio por la garganta, así los lectores podrían necesitar algunos relatos de fiestas desenfrenadas para que presten atención a la crisis financiera.

Pero eso no es todo. La crisis que ha estremecido la economía mundial en los dos últimos años tuvo varias causas, muchas difíciles de comprender. El sistema de bonificaciones de los bancos tuvo un papel. Al igual que la manera en que los bancos centrales condujeron la política monetaria. Los desequilibrios comerciales entre China y el resto del mundo, y las grandes cantidades de capital que fue necesario reciclar como resultado pueden haber sido el quid de la cuestión.

Las bailarinas eróticas y los traficantes de cocaína no tuvieron en verdad mucho que ver con la crisis, aun cuando sea más divertido leer sobre ellos. Pero es importante conocer la verdad sobre la crisis, porque, de lo contrario, acabaremos cometiendo los mismos errores otra vez.

Agencia Reuters

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