La agencia calificadora de riesgo Moodys Investors Service cambió ayer el panorama de la calificación de la Argentina a negativo desde estable, basándose en decisiones de política económica azarosas junto con crecientes interrogantes sobre la confiabilidad de las estadísticas oficiales.
Moodys advirtió además que podría recortar la calificación del país a la categoría Caa si esas decisiones políticas y la falta de resolución de algunos problemas postergados afectan los resultados económicos y los ratios de deuda. «Un deterioro sostenido de los precios de las materias primas, una caída persistente en las reservas internacionales y un alza en los ratios de deuda por no desarrollar ajustes fiscales necesarios podrían también tener como resultado una baja en la calificación», aseguró.
Motivos
La agencia detalló además que su decisión de esta baja en la calificación se debe a que:
Nuestra expectativa es que continúen políticas azarosas, evidenciada por la reciente nacionalización de YPF sin compensación y los controles a las importaciones que han estancado el crecimiento económico. Estas decisiones tendrán un impacto negativo en cuanto a las necesidades de inversiones extranjeras.
Las crecientes dudas sobre la calidad y confiabilidad de las estadísticas, específicamente sobre inflación y crecimiento continúan, así como las diferencias que muestran con respecto a las difundidas por consultoras privadas. Estas divergencias (una inflación menor de la real) son particularmente negativas en cuanto a su impacto crediticio, ya que más del 20% de la deuda pública se encuentra indexada por inflación. Esto hace extremadamente difícil saber la real condición económica del país y su capacidad para manejar shock adversos.
La combinación de estadísticas que no son confiables, la falta de pago de deudas y la falta de resolución en una década del default representan riesgo crediticio subyacente.
La resolución de la deuda con el Club de París está pendiente y no hay señales de que se resuelva, lo que provoca más cuestionamientos sobre la voluntad de pagar.
Moodys volvería a la calificación estable si la Argentina muestra políticas más consistentes y predecibles. En particular, la resolución con el Club de París y la mejora en la calidad de las estadísticas oficiales.
El cambio hacia la categoría Caa podría darse por el impacto de un deterioro de los precios de las materias primas, la persistente caída de reservas y la falta de ajustes fiscales que generan un alza en el ratio de deuda.
Las consideraciones que realizó ayer la agencia de calificación no son nuevas. Este año Moodys ya había enumerado las mismas características para sugerir la posibilidad de que la calificación argentina baje.
Esas advertencias generaron críticas del ministro de Economía, Hernán Lorenzino, que durante la apertura del Consejo de las Américas el mes pasado aseguró que esas agencias perjudican a la Argentina y a los países que «no siguen el libreto». Incluso, el funcionario dijo que «hace cinco años que nos califican como un país en crisis», y que vaticinan que «todo está siempre a punto de explotar, pero no explota».
Lorenzino dijo además que las calificadoras «ejercen un mecanismo perverso. Los afectados por su diagnóstico sufren de esos errores que no generan». Y recordó que «la Argentina estaba mejor para las calificadoras de riesgo en 2001 que lo que está ahora. Si esto no es la demostración más cabal de que algo les anda mal, no sé cuál otra podría ser. Es imposible que alguien serio no sólo mantenga, sino que disminuya nuestra calificación en base a nuestros datos de la economía», cuestionó.
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