Néstor Kirchner bendijo ayer personalmente la conducción de Guillermo Moreno en su estreno de CEO de Papelera Quilmes, quien está estrenando en la ex Massuh una escuela de management, hasta ahora desconocida en todo el mundo. El secretario de Comercio, que ayer fue anfitrión del ex presidente en una recorrida por el establecimiento que tiene el 50% de propiedad estatal y el otro 50% cotizando en Bolsa, cumplió sus primeros 10 días de conductor de la papelera con criterios novedosos y firmes en el trato a los dos principales referentes de toda compañía. Personalmente y con llamados telefónicos a celulares y líneas personales de sus ahora colegas empresarios, consiguió inmejorables condiciones para colocar sus productos en el mercado privado e irrepetibles beneficios de proveedores de la compañía.
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El logro de Moreno, que cumple a rajatabla su promesa de estar todos los días presente en el establecimiento del sur bonaerense, no es menor. Hasta hace sólo unas semanas, los mismos compradores de los productos de Massuh y los colocadores de insumos en la papelera le exigían a la empresa concursada condiciones de pago y cobro, imposibles de congeniar en un proyecto sólido a largo plazo. Ahora todo cambió desde la llegada morenista, y muchos aventuran que en el mediano plazo los números de Papelera Quilmes podrán estar equilibrados y en franco ascenso.
¿Cómo logró el funcionario semejantes resultados? Simplemente trasmutando su experiencia de hombre del gobierno kirchnerista que maneja las estadísticas oficiales, para corridas cambiarias y firmar acuerdos de precios poco realistas, pero con las fotos de los principales hombres de las empresas involucradas. El repaso de la estrategia de management de Moreno revolucionará entonces la teoría mundial en la materia, y amenaza con quemar toda la visión moderna de la disciplina.
En concreto, sus procedimientos al frente de la papelera son los siguientes:
A poco de asumir el control de la ex Massuh, dio su primera orden. Los gerentes de costos y marketing de la papelera debían reportar inmediata y diariamente sus acciones a su escritorio. En el segundo día se les prohibió comunicarse personalmente con los principales proveedores y clientes, los que pasarán a tener relación directa con el nuevo CEO. Cuentan en la planta que el contacto personal entre Moreno y sus gerentes es similar al que desplegó el actor Bruno Ganz en la película alemana «La caída», que refleja los últimos días de Hitler y el trato agresivo a sus súbditos.
Moreno pidió luego el listado y costos de los principales proveedores de la empresa, especialmente los que ofrecen productos críticos para sostener el nivel de actividad. Llamó personalmente a los más importantes para anunciarles que cambiaban las condiciones de compra de la ex Massuh. A partir de ahora, los pagos dejarían de ser al contado (exigencia que la papelera sufría desde que ingresó en concurso), que el nuevo plazo de liquidación sería de entre 60 y 90 días dependiendo de la decisión particular de la empresa y que los que cobraban en dólares pasarían a recibir pesos. Moreno realizó todos estos anuncios con el tono que lo hizo famoso en la Secretaría de Comercio, y en ninguno de los casos obtuvo una negativa, sino que, por el contrario, recibió todo el apoyo del caso. Curiosamente, el único que planteó alguna duda es una compañía proveedora de un insumo químico que tendría como propietario a un empresario cercano al kirchnerismo.
Resuelto el tema de los costos, Moreno se comunicó, siempre personalmente, con al menos tres responsables máximos de hipermercados con presencia en todo el país. Uno de capitales europeos, otro norteamericano y un tercero nacional, en todos los casos participantes habituales de los anuncios morenistas de sus volátiles acuerdos de precios. En todos los casos les anunció que, desde ahora, debían convertir sus góndolas de la sección de librería en oferentes preferenciales de la producción de Papelera Quilmes. Además, todas las operaciones deberán ser al contado o con un plazo máximo de una semana entre la entrega de la mercadería y la acreditación del pago de la misma. Todos asintieron y dieron a sus gerentes de compras las órdenes correspondientes. Se dieron dos casos curiosos. Uno de los hipermercados, el de capitales europeos, envió un cheque a la ex Massuh con una cifra de cinco ceros como adelanto de futuras compras y sin la exigencia de la mercadería. Además un cuarto supermercado que no fue contactado por Moreno buscó en las últimas horas comunicarse directamente con el secretario de Comercio para poner también sus góndolas a disposición de la producción de la papelera. Obviamente, en la época de Massuh concursada, directamente los gerentes de ventas debían comunicarse con sus pares de compras de los mismos hipermercados vía mail, que generalmente no eran correspondidos.
Moreno está además cerrando contratos de venta directa con la administración pública nacional, que convertirán a Papelera Quilmes en la proveedora preferencial del Estado argentino. Según aseguran dentro de la planta del sur bonaerense, los precios que ofrecerán al Gobierno serán inigualables.
Hasta la llegada de Moreno, Massuh arrastraba un balance negativo de $ 70 millones, tiene 691 operarios y adeuda unos $ 249 millones, en su mayoría a los bancos Nación, Provincia y Ciudad de Buenos Aires.
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