19 de octubre 2012 - 00:00

Mortifica Wagner a dos salas líricas

Katharina Wagner, responsable del «Anillo compacto»: a diferencia del tiempo que se tomaba su bisabuelo para cantarle al amor, su permanencia en el país duró un suspiro.
Katharina Wagner, responsable del «Anillo compacto»: a diferencia del tiempo que se tomaba su bisabuelo para cantarle al amor, su permanencia en el país duró un suspiro.
Para los dos teatros líricos más importantes del país, el nombre de Richard Wagner resulta ominoso por estos días. En el Colón, la puesta en escena del llamado «Anillo Compacto» (reducción de la Tetralogía a un único y complejo espectáculo de siete horas de duración) entró en zona de turbulencias, en tanto que en el Argentino de La Plata ya ha quedado virtualmente de lado la posibilidad de cerrar su conflictiva temporada de este año con «La Walkyria». Veamos:

Katharina Wagner, actual titular del Festival de Bayreuth, y directora de escena y artística del «Anillo compacto», ya no está en el país. Según testigos, no se fue en los mejores términos. Aunque el Teatro Colón todavía no proporcionó información oficial, se presume que la bisnieta del ilustre compositor habría heredado su mismo temperamento, y que la relación entre ella y los cuerpos artísticos, técnicos y directivos nunca fue la más deseable, en especial para la realización de un espectáculo de esta envergadura. Otras versiones (como la que reprodujo el diario alemán «Frankfurter Allgemeine») son más sombrías aun, y dicen que la permanencia de Wagner en el país no duró más de un día: frustrada --dice ese diario-- por las condiciones en las que tendría que trabajar, apenas después de pisar el teatro dio intempestivamente media vuelta y volvió a Ezeiza.

A esto, la fresa en la torta, se sumaron otros problemas que ya venían de hace algún tiempo: primero, los planteos gremiales de la orquesta y otros cuerpos artísticos, por la exigencia de un trabajo más allá de lo normal (casi de héroe wagneriano), que suponía, además de las siete horas de representación, muchas más de ensayos.

Segundo, los altos costos de la producción, trasladados al valor de las entradas. El público, ya de por sí titubeante ante un «Anillo» que le supondría, contando los entreactos, pasarse el día entero en el Colón, se encontró con el valor de una platea a $3000; la cazuela a $1800, la tertulia a $1200, la galería a $1050, y la delantera de paraíso a $600. La localidad más económica, el paraíso de pie, cuesta para este espectáculo $360 (y hay que sobrevellevar siete horas de pie, más entreactos...). De las cuatro funciones previstas originalmente, el Colón sólo dejó 2 (la primera el 27 de noviembre), que aún continúa con mucha disponibilidad de entradas.

¿Qué ocurrirá? Hasta ayer, el Colón proseguía con los ensayos, mientras continuaba buscando reemplazante para el puesto de directora escénica. El director de orquesta inicialmente previsto, Julien Salemkour, estaría al frente de ambas representaciones, a pesar de que también se había hablado de un reemplazante (Roberto Paternostro). Pero la pregunta del millón seguía sin respuesta: apartada en malos términos de la producción (aunque sin que se haya rescindido ningún contrato) ¿puede Katharina Wagner impedir que se ponga en escena esta creación suya, resultante de compactar la obra del bisabuelo con la supervisión musical de Cord Garben? El Colón, evidentemente, cree que no habrá impedimentos, desde el momento en que los derechos ya han sido debidamente pagados.

En cuanto a «La Walkyria» platense las noticias no son más abundantes ni alentadoras. Si bien tampoco el Argentino ha comunicado oficialmente su levantamiento, no hay más que entrar en los sitios líderes de venta electrónica de entradas para encontrar el anuncio de «Cancelada». Oficiosamente, se dijo a este diario que «continuaban los esfuerzos para poder concretar» esta ópera, segunda de la Tetralogía que empezó el teatro con «El oro del Rin», aunque ya nadie cree que vaya a ser así. El Argentino, como coletazo de la crisis económica en la provincia de Buenos Aires, debió reprogramar una gran parte de su temporada 2012 (cayeron conciertos y óperas, como «I Capuletti e I Montecchi»), y a esta altura haber mantenido a «La Walkyria» en el programa suena como un gesto de desmedido optimismo.

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