La amenaza concreta de dejar sólo a Hugo Moyano por parte de no menos de cinco sindicalistas de peso, torció finalmente el viernes pasado el brazo del titular de la CGT, que terminó firmando el nuevo Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) a $ 2.300 mensuales. No fue lo único que tuvo que aceptar el camionero. Tampoco se permitió discutir la posibilidad de reabrir paritarias ni la de discutir una suba del mínimo no imponible de Ganancias. Moyano sólo obtuvo un pequeño triunfo de las reuniones por el Consejo del Salario: el Gobierno se comprometió a confirmar la fecha (cerca de octubre) para discutir una suba del tope para acceder al beneficio de las asignaciones familiares. Este pasaría a cerca de $ 6.200 de los $ 4.800 actuales, y se anunciaría estratégicamente en algún momento antes de las elecciones. Sin embargo, la mejora, pareció más un guiño a la CTA de Hugo Yasky que una concesión al camionero. Lo que predominó finalmente, fue la visión del Gobierno de Cristina de Kirchner de mostrar tranquilidad y mesura ante las posibles consecuencias locales de la crisis económica internacional.
Las principales conclusiones, según los actores, de la extenuante reunión del viernes del Consejo del Salario fueron las siguientes.
El Gobierno. Carlos Tomada, cerca de las 18.00, ya tenía redactado, con la venia de Cristina de Kirchner, el laudo del Ministerio de Trabajo por el cual el Gobierno reglamentaría desde hoy el nuevo SMVM de $ 2.300 a aplicarse desde agosto. La ley autoriza al ministro, luego del fracaso de dos reuniones del Consejo, a aplicar este acto administrativo, siempre que no haya acuerdo. A esa hora, y luego de duras discusiones, Hugo Moyano continuaba firme en su posición de reclamar un aumento de $ 2.600, amenazando incluso con retirarse de las negociaciones si era necesario. Allí, el ministro de Trabajo dejó en claro que la decisión oficial ya estaba tomada, argumentó la medida y habló de la situación que el lunes (por hoy) debería enfrentar el titular de la CGT en el marco de un nuevo SMVM sin su venia. El ministro tuvo que explicar en varias oportunidades los fundamentos del aumento del 25% defendido por el Gobierno. Fueron simples: no es el momento de mostrar desequilibrios ante una crisis internacional y aún con un aumento del 25%, el SMVM argentino será el más alto de América Latina. Hubo, por lo bajo y desde otro ministerio, un tercer argumento: la Presidente está dispuesta a mostrarse firme ante quien no acepte una decisión propia. El mensaje oficial era claro y mostraba que el Gobierno no está dispuesto a enfrentar ninguna alteración que afecte el 50% de piso proyectado para octubre. Menos por tener problemas con Moyano. Finalmente el Gobierno pudo exhibir otro logro: el de 2010 fue el primer acuerdo del Consejo del Salario que se firma por unanimidad.
CGT, CTA y Hugo Moyano. El titular de la CGT sufrió en algún momento de la tarde del viernes pasado una suerte de asonada interna. Tres integrantes del consejo directivo de la central sindical, Antonio Caló (UOM), José Luis Lingieri (Obras Sanitarias) y Andrés Rodríguez (UPCN), le dejaron en claro, cerca de las 20, cuando el camionero se disponía a decidir un enfrentamiento directo con el Gobierno nacional, que ellos y la mayoría de los líderes sindicales firmarían el aumento del 25% en el SMVM. El problema para Moyano no quedó allí, ya que otros dos popes gremiales, esta vez de su círculo más cercano, le manifestaron que también apoyaban el aumento propuesto por el Gobierno. «No es el momento Hugo, no nos podemos enfrentar al 50% de los votos», le rezó un sindicalista cercano. «El 25% además no es un mal número», completó. Igualmente, para Moyano queda una pequeña victoria política para mostrar: pudo exhibir una alianza sólida con la CTA de Yasky, algo impensable hasta el año pasado.
En la madrugada del sábado, un negociador sindical se sinceraba: «Nos pusieron pierna fuerte y tuvimos que recular. No había otra este año».
Empresarios. La oferta con la que Daniel Funes de Rioja, Horacio Martínez y Carlos de la Vega (monitoreados de cerca por José Ignacio de Mendiguren) llegaron al Consejo fue de un incremento del SMVM del 19%. En algún momento, cuando alguien del oficialismo deslizó la posibilidad de un enfrentamiento con Moyano y el Laudo que flameaba en el escritorio de Tomada, uno de los negociadores deslizó claramente que se aceptaría el 25% que hace pocos días De Mendiguren había rechazado ante un ministro. Un dato observado en la negociación es que, a diferencia del frente sindical, los empresarios se mostraron totalmente disciplinados ante la UIA. Incluso el frente agrario, representado por la Mesa de Enlace, aceptó la situación. Una de las entidades más colaboradoras resultó ser la Sociedad Rural. «Es el efecto Biolcati», reflexionaba un funcionario.
El impacto de la medida afectará a unos 500.000 trabajadores y no habría que reabrir ninguna paritaria porque todos los convenios están por encima de esa cifra.
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