11 de marzo 2015 - 00:00

Mozzi: la clave es la diversidad

De izq. a der., Marcelo Lombardero, Ernesto Jodos, Tweety González y el director de la Usina del Arte, Gustavo Mozzi, en el interior del auditorio cultural de la Boca.
De izq. a der., Marcelo Lombardero, Ernesto Jodos, Tweety González y el director de la Usina del Arte, Gustavo Mozzi, en el interior del auditorio cultural de la Boca.
Con más de 500 actividades previstas para 2015, la Usina del Arte apuesta este año a la diversidad, a través de la continuidad de ciclos ya iniciados y la concreción de nuevos proyectos que abarcan la ópera, la música sinfónica, el repertorio de cámara, la música antigua, el jazz, la música contemporánea, el fado, el tango y el chamamé, entre otros, en sus distintos espacios. Dialogamos al respecto con el músico, productor y gestor Gustavo Mozzi, director del complejo cultural ubicado en La Boca:

Periodista: ¿Cuáles fueron los lineamientos que guiaron la programación?

Gustavo Mozzi
: Hay una profundización de la idea de abarcar, con algunos hilos conductores, diferentes períodos, estilos y géneros, y poder proponer una programación para un público curioso y dispuesto a correr riesgos creativos, que provienen de artistas que llevan adelante lo suyo con calidad. Hay una intención de que esta diversidad sea provocadora para el público y ayude a concretar cruces artísticos y de público.

P.: ¿Qué propuestas concretas hay en este sentido?

G.M.:
Marcelo Delgado hará nuevamente un ciclo de conciertos de música contemporánea especialmente diseñado para la Usina. Estos ciclos están basados en compositores argentinos y al mismo tiempo proponen un acercamiento a este repertorio de la mano de Marcelo, que además de ser uno de los músicos y emprendedores más activos de la música contemporánea, se propone una charla abierta con el público y de reflexión de las obras que presenta. Eso hace que el público que participa de este ciclo no es el que frecuenta el circuito habitual de los conciertos de este período sino que es más abierto, y por ejemplo puede suceder que al mismo tiempo parte de ese público esté participando al día siguiente de una bailanta con Blasito Martínez Riera en el Festival de Chamamé.

P.: ¿Qué fenómenos genera este tipo de cruces?

G.M.:
Creo que esto puede convivir con el reconocimiento de los códigos de cada género. Hay un público ávido, de oídos abiertos, al que le interesa participar. Otros puntos interesantes se relacionan con la presencia de Marcelo Lombardero, que hará un programa con dos óperas de cámara, "El diario de un desaparecido" de Jánácek y "El pobre marinero" de Milhaud, que responde a las particularidades de la sala de cámara de la Usina, que tiene una acústica formidable y permite este tipo de puestas que no son posibles en cualquier espacio. También tendremos el regreso de Marcelo Birman y la Compañía de las Luces con "Platée", de Rameau (nota: será el estreno sudamericano de la obra), que convivirá con un doble programa dedicado a Golijov y Strasnoy que dirigirá Annunziata Tomaro, y el ciclo de música antigua que cura Jorge Lavista y que convocará a figuras como Manfredo Kraemer, Dolores Costoyas y otras figuras del género, más encuentros de luthería.

P.: ¿De qué manera evolucionó la tarea a través de estos años?

G.M.:
La intención del primer año de actividad de la Usina (2012) fue marcar un rumbo en la programación y generar en el público un hábito de acercarse a La Boca, un ámbito que para muchos era inaccesible pero ahora se dan cuenta de que está más lejos en la cabeza de donde está ubicado realmente. El desafío fue convocar a través de una propuesta musical de calidad sostenible en el tiempo y apostando a lo que en este año se intensifica: la apuesta por las producciones locales y la presencia de artistas jóvenes en diálogo con consagrados. Los ciclos sinfónicos este año serán más nutridos, habrá más presencia de las orquestas Estable, Filarmónica y Académica del Teatro Colón. Y también se consolida la interacción con otras instituciones de Latinoamérica, como el Auditorio Ibirapuera de san Pablo o la Ópera de Rancagua, que coproduce "Platée".

P.: Pese a todo, en cierto punto la Usina sigue siendo un lugar de acceso complicado. ¿De qué manera se está trabajando para resolver este problema?

G.M.:
El público lo adopta como un espacio al que se puede ir en colectivo, a través de varias líneas que pasan cerca. Ahora se suman algunos colectivos que están parando en la puerta. Creo que parte del encanto es que esté ubicado en La Boca. Del mismo modo que la apuesta por las producciones locales, el hecho de que esté ubicada ahí es una apuesta para desarrollar una zona postergada, pero que tiene una tradición maravillosa. La Usina está recuperando aspectos de este barrio que son muy positivos cuando uno convive con ellos. Cuando hicimos el Festival de Tango unimos la Usina con el Galpón de La Boca, que está a tres cuadras, y las hicimos peatonales, y simultáneamente programamos actividades en los bares que había en ese trayecto, y el barrio vivió una experiencia casi inédita. Al existir el Distrito de las Artes empieza a haber muchos emprendimientos privados alrededor que perfilan a futuro la zona de una manera optimista.

P.: ¿Cómo está conformado ese público de la Usina?

G.M.:
Hay muchos jóvenes, hay público específico de cada género pero también hay un público habitué, que viene a ver qué hay porque sabe que va a encontrar calidad. Obviamente en encuentros de música electrónica el público es más joven, pero hay sorpresas como el Ciclo de Música Antigua que convocó a un público muy joven y que estuvo en gran parte compartido por el Ciclo de Música Contemporánea. Hay una base de público melómano fiel. Esto pone de manifiesto la necesidad que había de un espacio de este tipo destinado a la música en la Ciudad de Buenos Aires.

Entrevista de Margarita Pollini

Dejá tu comentario