14 de abril 2009 - 00:00

Munición para multitud de enemigos

Asunción - El presidente paraguayo, Fernando Lugo, confesó ser el padre de un niño de casi dos años que concibió cuando aún era obispo, en el escándalo más grande que golpea a su Gobierno y generando un nuevo dolor de cabeza para la Iglesia Católica.

El mandatario dijo que reconocerá al niño, poniendo fin a un mar de especulaciones surgidas tras la presentación de una demanda judicial días atrás, que lo dejó expuesto a las críticas de la oposición y a la condena de muchos católicos, religión que profesa la mayoría de los paraguayos.

Según analistas, la confesión podría desestabilizar el frágil equilibrio conseguido por Lugo e incluso minar su alto respaldo popular.

Lugo ocupó durante una década el obispado del departamento San Pedro, uno de los más pobres del país, donde habría conocido a la joven madre del menor, quien era ahijada de una mujer en cuya casa solía hospedarse cuando realizaba labores pastorales en un pueblo cercano. Desde entonces se lo conoce como «el obispo de los pobres».

En 2005, el entonces religioso abandonó sorpresivamente el obispado aduciendo motivos de salud, aunque su alejamiento podría estar vinculado a su relación sentimental con la joven, según una fuente cercana a la Iglesia Católica local que pidió anonimato.

Como obispo emérito, Lugo dirigió un colegio en las afueras de Asunción mientras preparaba su lanzamiento a la arena política, que materializó en la Navidad de 2006 con un anuncio que irritó al Vaticano, que lo suspendió en funciones por un tiempo indeterminado.

El sancionado sacerdote de 58 años, un seguidor de la Teología de la Liberación, siguió adelante con sus planes y se transformó en líder de una coalición de partidos y movimientos sociales, que mezcló a liberales, socialistas, organizaciones campesinas, sindicales y estudiantiles.

El 20 de abril, Lugo se convirtió en el presidente electo que quebró la hegemonía de más de seis décadas ininterrumpidas en el poder del conservador Partido Colorado, tras ganar las elecciones con cerca del 40% de los votos.

La elección del ex obispo -quien se declara socialista, usa barba y suele vestir informalmente- se tornó en un dolor de cabeza para la Santa Sede, que se vio obligada a dar marcha atrás en su sanción y a otorgar por primera vez una dispensa papal para volverlo laico.

Entretanto, Lugo comenzó a delinear los principales ejes de su Gobierno, con un elemento que se repitió en cada proyecto: el combate a la pobreza y a la corrupción en un país conocido por sus escándalos de robo al Estado.

Los primeros meses al frente del Gobierno no fueron fáciles por los conflictos en el interior de la coalición que lidera, la férrea oposición del Partido Colorado y un Congreso hostil que se ha negado a aprobar leyes vitales para su administración.

Agencia Reuters

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