3 de marzo 2014 - 00:00

Murió Alain Resnais a los 91 años, aún en plena actividad

Alain Resnais, director de las famosas “Hiroshima mon amour” y “Mi tío de América”, murió el sábado en París.
Alain Resnais, director de las famosas “Hiroshima mon amour” y “Mi tío de América”, murió el sábado en París.
"Era un hombre feliz, que siempre tenía un nuevo proyecto en el corazón". Así anunció el productor Jean-Louis Livi la muerte de su amigo Alain Resnais, el sábado pasado en Paris, a los 91 años. El autor de "Hiroshima mon amour", "La guerra ha terminado", "Mi tío de América" y otras grandes películas, "murió se-renamente rodeado por la familia", mientras atendía los detalles del próximo estreno de su nueva comedia, "Amar, beber, cantar", y apuntaba ideas para la próxima que pensaba hacer, "Arrivées et départs", llegadas y partidas.

Alto, amable, humilde, Resnais había nacido en junio de 1922 en el pueblo bretón de Vannes, hijo de farmacéutico. A los 13 años hizo su primer corto amateur, "Fantomas", versión propia de un héroe de aventuras. A los 21 ingresó al Idhec, Instituto de Altos Estudios Cinematográficos, y pronto se dedicó al trabajo de montajista. "Paris 1900", de Nicole Vedrés, 1947, es el título más importante de esa etapa. Luego, sus propios cortos documentales, en especial "Las estatuas mueren así, 1953, donde asociaba el arte negro con la represión colonialista de su país, "Noche y niebla", 1955, sobre los campos de concentración entonces dejados al olvido, y "Toda la memoria del mundo", 1956, sobre la Biblioteca Nacional de Paris.

Chris Marker, Jean Cayrol, Remo Forlani, escribieron los textos de esas obras. Resnais siempre buscó relacionar cine y literatura apelando a los propios escritores como libretistas de sus películas. Y siempre se interesó en los meandros de la memoria. Así pasó al largometraje, con "Hiroshima mon amour", 1959, con texto de Marguerite Duras sobre las vivencias, reflexiones, y limitaciones para entender las vivencias ajenas, de un japonés y una francesa tras la Segunda Guerra. Obra tremendamente innovadora en su exposición, abrió las puertas a una nueva forma de narración cinematográfica.

Luego vinieron "Hace un año en Marienbad", juego de falsas memorias de Alain Robbe-Grillet, "Muriel", de nuevo Cayrol, "La guerra ha terminado", guión de Jorge Semprún sobre recuerdos, fantasías y asociaciones mentales de un refugiado antifranquista, "Te amo, te amo", sobre fantasía de Jacques Sternberg, "Stavisky, el audaz estafador", de nuevo Semprún, "Providence", acercamiento de David Mercer a la vejez, y, particularmente, "Mi tio de America", 1980, donde él y Jean Gruault desarrollaron una compleja y fascinante explicación de las teorías del científico Henri Laborit sobre la influencia del sistema nervioso central en el comportamiento humano, un asunto supuestamente árido que Resnais convirtió en totalmente cálido y comprensible con "solo" mostrar la evolución e interacción de tres personas en la lucha cotidiana.

Ya sesentón, siguió activo alternando dramas y comedias: "La vida es una novela", "L' amour a mort", una fascinante versión del clásico melodrama de Henry Bernstein "Mélo", un acercamiento al historietista Jules Feiffer con "Quiero ir a casa", el delicioso "Conozco la canción", el rescate de la opereta de André Barde "En la boca, no", más recientemente "Las hierbas salvajes" y "Vous n'avez encore rien vu", y, en especial, tres adaptaciones al espíritu francés de otras tantas piezas del comediógrafo inglés Alan Ayckbourn: "Smocking/ No smocking", "Corazones" (Asuntos privados en lugares públicos), y "Amar, beber, cantar", con la cual ganó en febrero último el Premio Alfred Bauer del Festival de Berlín al cineasta más inventivo. "Considerando su edad, esto, como mínimo, es extraordinario", resaltaba Jean-Louis Livi.

El gobierno francés ya anunció honras fúnebres especiales para el cineasta, a quien muchos creen miembro de la Nouvelle Vague. Pero él no integró ese grupo. Solo coincidió en el tiempo, le abrió caminos, y le dejó algunas enseñanzas. Dicho sea de paso, su primera esposa, coguionista y asistente de dirección fue Florence Malraux, hija del escritor. La sucedió, desde 1998, la actriz Sabine Azéma (15 años menor), para muchos su musa en asunto de comedias. "Comer, beber, cantar", testamento fílmico del maestro, tendrá su première el 10 de marzo en los Campos Elíseos, para estrenarse comercialmente el 26 en media Francia. Entre nosotros, todavía carece de distribución.

Dejá tu comentario