Kagel residió medio siglo en Alemania.
El Colón organizó hace 2 años un
festival consagrado a sus obras.
Uno de los más destacados compositores argentinos contemporáneos, Mauricio Kagel, murió la madrugada de ayer en Colonia, Alemania, según informó una portavoz de su editorial musical C.F. Peters Musikverlag.
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Afortunadamente su país natal, después de haberlo ignorado durante casi medio siglo, pudo saldar la deuda hace dos años, en ocasión del Festival Kagel que se le tributó en el Teatro Colón durante la última temporada antes de cerrar. Allí Kagel fue testigo de la avidez del público argentino por las formas más innovadoras de su música. La jornada más resonante de ese festival, que fue la inaugural, ocurrió durante la ejecución de «Eine Brise», una de las composiciones más audaces de su producción, que comprende la realización en vivo de una carrera de 111 ciclistas, lo que se hizo puertas afuera del Colón, para continuar luego con la música propiamente dicha en el interior del teatro. «5 Marchas para malograr la victoria», «Kammersymphonie» y «24 de diciembre de 1931» fueron las restantes partes de aquel programa irrepetible.
Kagel, de 76 años, estaba enfermo desde hacía tiempo. A lo largo de su trayectoria su obra se asoció al teatro instrumental, en el que su influencia fue decisiva por haber renovado el material sonoro introduciendo la electroacústica. Su producción recorre disciplinas tan distintas como la dirección, la música orquestal, la música de cámara, piezas radiofónicas, ensayos y hasta cine. Provocador, irónico, incisivo, fue siempre un crítico del academicismo aunque nunca desdeñó su herencia musical canónica, en particular la de tradición alemana.
El compositor nació el 24 de diciembre de 1931 en Buenos Aires, hijo de un matrimonio judío que huyó de Rusia en la década del 20. En 1950 fue uno de los fundadores de la Cinemateca Argentina y en 1955 fue nombrado maestro preparador y director de estudios y de coro de la Opera de Cámara del Teatro Colón. Durante una gira por Buenos Aires, Pierre Boulez estudió sus partituras y le sugirió que se trasladara a Europa, por lo que Kagel se instaló en 1957 en Colonia, Alemania, gracias a una beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico.
En esa ciudad, centro neurálgico de la Nueva Música, se convirtió en uno de los referentes de la música culta contemporánea. Allí creó el Kölner Ensemble für Neue Musik. Entre 1969 y 1975, dirigió los Cursos de Nueva Música de Colonia, sucediendo a Karlheinz Stockhausen en el cargo. Desde 1974 ocupó la cátedra (y la desempeñó hasta su retiro en 1997) de Nuevo Teatro Musical, la primera de Europa, creada para él en la Escuela Superior de Música de Colonia. Kagel produjo cerca de 200 composiciones. «Sur Scene» (1959) fue la primera manifestación de su visión revolucionaria del teatro instrumental y marcó el inicio de su prestigio. Le siguieron piezas instrumentales y escénicas como «Hétérophonie et Diaphonies I, II et III». Con «Ludwig van» en 1970 hizo una incursión destacada en el cine, preludio de su trabajo para el teatro y la radio.
Desde los 80, Kagel rompió cada vez más las convenciones y los hábitos auditivos, como hace en «Rrrrrrr...», conjunto de 41 piezas de 1980-82 y en su «Cuarteto de cuerdas n 3» (1986-87). Una de las características de su música es el empleo de ruidos callejeros, instrumentos renacentistas, ladridos, campanas de iglesias o cacerolas y todo lo que necesitara para no dejar nada de lado, tal como hizo en la obra con las bicicletas citada antes. En 1983 compuso una nueva banda sonora para el filme surrealista «Un perro andaluz», de Luis Buñuel y Salvador Dalí de 1929.
Recibió numerosos premios, entre ellos el Erasmus (1998), el Ernst von Siemens (2000) y el Gran Premio Renano del Arte (2007), y el compositor John Cage llegó a decir de él: «El mejor músico europeo que conozco es un argentino, Mauricio Kagel».
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