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Murió el cardenal Pío Laghi, nuncio durante dictadura militar
Diplomático de alto rango, el cardenal fue denunciado como «cómplice» de la desaparición de opositores políticos por la Asociación Madres de Plaza de Mayo, y fue inclusive objeto en 1997 de una demanda judicial ante la Justicia italiana que no prosperó.
«Era más brutal que los propios militares en sus relaciones con las familias de los desaparecidos», indicó el domingo a medios locales Angelina Boitano, madre de dos desaparecidos italoargentinos que entró en contacto con él en 1979, junto a otras familias, para pedirle apoyo.
El cardenal había explicado en 1997 que sólo supo lo que había pasado «después de que me fui de la Argentina. Sólo a fines de 1979 tuve la certeza de que las violaciones de los derechos humanos se habían vuelto sistemáticas, y entonces las condené».
En esa misma época fue uno de los artesanos de la mediación del Vaticano que permitió en 1978 evitar la guerra entre la Argentina y Chile, en torno a la soberanía sobre el canal
Beagle.
Amigo personal de Golda Meir, Laghi fue nuncio apostólico en Israel en tiempos de la Guerra de los Seis Días, e igualmente delegado y luego nuncio apostólico en Washington de 1984 a 1990.
Al regresar a Roma en 1990 fue nombrado prefecto de la Congregación para la Educación Católica por Juan Pablo II, un puesto que dejó en 1999. Sus exequias serán celebradas el martes en la Basílica de San Pedro.
Ayer, Estela Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, dijo que «ante el anuncio de la muerte de alguien nadie se alegra», pero sin dudas está probado que el cardenal Pío Laghi fue cómplice de la dictadura. Carlotto llegó ayer a Roma, donde fue informada de la muerte del que fue nuncio apostólico en la Argentina.
«La muerte permite hacer una valoración de esta persona, y la hacemos como familiares de las víctimas de los militares en la Argentina: este hombre fue cómplice, como miembro de la Iglesia Católica, de los uniformados», aseveró Carlotto.
«Este hecho está más que probado, dicho y corroborado. Es lamentable para nosotros los católicos -la Argentina es un país católico-, es tremendo hablar de esta Iglesia que fue cómplice, por acción u omisión», de los secuestros y robos de niños, subrayó la presidente de las Abuelas de Plaza de Mayo.
«Este personaje era un alto prelado que representaba al Vaticano en la Argentina» y, sin embargo, «sabemos que tenía especial amistad con los asesinos, con los genocidas, con los que compartía momentos de esparcimiento», dijo Carlotto.


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