26 de diciembre 2008 - 00:00

Murió Harold Pinter, el iracundo más coherente

Harold Pinter, en una fotografía de 2005, cuando acababa de saber que había obtenido el Premio Nobel de Literatura.
Harold Pinter, en una fotografía de 2005, cuando acababa de saber que había obtenido el Premio Nobel de Literatura.
Harold Pinter murió poco después de la Nochebuena (igual que Charles Chaplin), pero hacía casi cinco años que se estaba despidiendo. Tenía 78 años. La lenta retirada había empezado cuando se le diagnosticó un cáncer de laringe que los clínicos controlaron con dificultad y que, en los últimos tiempos, casi le había quitado el habla. Dos años atrás, sin embargo, interpretó el monólogo de Samuel Beckett «La última cinta» en Londres. En 2005, pese al consejo de su médico, concurrió a Estocolmo a recibir el Premio Nobel de Literatura. La noticia de su muerte la dio su viuda, la famosa historiadora inglesa Lady Antonia Fraser, con quien se había casado en 1980 después de su divorcio de la actriz Vivien Merchant.
Atesorador incorregible, también la enfermedad lo llevó a vender a la Biblioteca Británica, por 650.000 euros, toda su memoria gráfica, que incluía la extensa correspondencia con Samuel Beckett, manuscritos y fotografías.
Pinter fue autor de varias de las obras más traducidas y representadas de la segunda mitad del siglo XX; guionista cinematográfico de renombre, actor y obstinado vocero antibelicista (sus últimas condenas fueron contra Tony Blair y George Bush por la invasión a Irak).
Cuando hace tres años se le concedió el Nobel, la Academia de Suecia fundamentó que Pinter fue elegido porque «destapa con sus obras el precipicio existente bajo la conversación diaria y fuerza la entrada en los espacios cerrados de la opresión». En efecto, Pinter fue un cultor de un teatro sostenido por las relaciones de poder, acaso el tema que más lo atrajo. En especial, cuando esas relaciones se subvierten tras la aparición de actores inesperados (un vagabundo que se establece en una casa, un mucamo que se va transformando poco a poco en amo). Pinter no sólo exploró esas figuras en las estrategias de poder político, siempre en espacios cerrados, claustrofóbicos, sino también en la política sexual. Su figura geométrica preferida fue siempre, en consecuencia, el triángulo.
El autor de «El cuidador» y «El sirviente», aunque formó parte del movimiento inglés de los '60 conocido como el de los «iracundos», acusa una biografía que reconoce una elegante mezcla entre sus ruidosas protestas políticas contra los líderes de Occidente con muchos de los placeres de la buena vida, propios de los «asimilados».
Hijo de un sastre judío, Harold Pinter había nacido el 8 de octubre de 1930 en Londres. Su infancia estuvo marcada por el sentimiento antisemita que estalló con la Segunda Guerra Mundial. Esta circunstancia, según declaró varias veces, lo impulsó a escribir, para encontrar una forma de desahogo. Evacuado a los 9 años de Londres -ciudad a la que sólo regresaría después de la caída de Berlín-, Pinter reconoció que la experiencia de la guerra y de los bombardeos sobre su ciudad natal lo marcaron en su biografía personal y artística.
De vuelta a Londres, estudió en el Hackney Grammar School, y se propuso ser actor.
Interpretó clásicos de William Shakespeare como «Macbeth» y «Romeo y Julieta», en 1948 fue admitido en la Real Academia británica de Arte Dramático. Dos años más tarde ingresó en la compañía de teatro irlandesa Anew McMaster, donde trabajó desde 1954 a 1957 utilizando el sobrenombre de David Baron. Aunque su futura carrera como dramaturgo sería el centro de su vida, Pinter nunca dejó de actuar, aunque más no fuera como travesura. Se lo vio hace pocos años, por caso, en un papel de reparto en la película «El sastre de Panamá», que protagonizó Pierce Brosnan.
Su matrimonio con Vivien Merchant duró 24 años, de quien se divorció en 1980: la ruptura conyugal también le inspiró una obra teatral antológica, «Betrayal», («Traición»), que tuvo la particularidad, muy imitada posteriormente, de narrar una historia de atrás hacia adelante; en su caso, desde la disolución al comienzo de un matrimonio.
Como dramaturgo, Pinter debutó en 1957 con la pieza «The Room» («El cuarto»), representada por primera vez en Bristol. Otras fueron «The Birthday Party» («Fiesta de cumpleaños», de 1957), que también representó su primer fiasco a pesar de que después se convirtiera en una de sus obras más festejadas. Su consagración como autor se produjo con «The Caretaker» («El cuidador») y «The Homecoming» («Vuelta a casa»).
Muchas de sus obras teatrales más famosas se transformaron en películas, adaptadas para la pantalla por él mismo. Tal el caso de «The Servant» («El sirviente»), con Dirk Bogarde, con dirección de Joseph Losey, cineasta que realizaría junto con Pinter otros tantos films modélicos, como «The Go-Beetween» («El mensajero del amor», con Alan Bates y Julie Christie) y «Accident» («Accidente», también con Bogarde).
Si bien algunos críticos le reprocharon cierta oscuridad conceptual en sus tempranas obras de teatro, Pinter convirtió esa presunta dificultad en tramas más transparentes cuando las adaptó para el cine. Sus versiones, con el paso del tiempo, no se limitaron a piezas suyas, sino que también logró adaptaciones notables de obras ajenas, como la estupenda «La amante del teniente francés» de Karel Reisz, sobre la novela de John Fowles (la novela, que entremezclaba narrativa pura con ensayo histórico, fue vertida por él para el cine como una historia de actores que filmaban una película, y uno de los protagonistas terminaba identificado con su personaje), o «El último magnate» de Elia Kazan, sobre el libro de Scott Fitzgerald.
Su último guión fue el de «Sleuth» (2007), con Jude Law y Michael Caine, remake del policial que en los 70 habían interpretado el mismo Caine con Laurence Olivier. Otros de sus aportes al cine como libretista fueron «The Trial» («Condenado sin justicia», 1993), «The Comfort of Strangers» (1990), «The Handmaid's Tale» (1990), «Turtle Diary» («Tiempo para nosotros», 1985), «The Quiller Memorandum» (1966) y «The Pumpkin Eater» («Esclava y seductora», 1964).
«Creo que ya he dejado de escribir obras de teatro. Me parece que he escrito unas 29 piezas de teatro. ¿No le parecen suficientes? He descubierto otras formas de expresarme», dijo poco antes de que ganara el Nobel a la BBC. Su posición se radicalizó a partir de la invasión a Irak, y llegó a calificar a Tony Blair de «idiota iluso» y a equiparar con el régimen nazi al gobierno de George Bush, al que calificó de «asesino de masas», además de definir a Estados Unidos como «un país dirigido por una pandilla de delincuentes». También levantó su vos contra el bombardeo de Serbia por parte de la OTAN, defendió los derechos de los kurdos, y escribió en 1984 una obra sobre el tema de los desaparecios bajo la dictadura argentina («One From The Road»).

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