Murió Kive Staiff, el hombre que fue teatro

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TENÍA 91 AÑOS Y SE LO RECORDARÁ COMO UNO DE LOS MÁS IMPORTANTES GESTORES CULTURALES DEL PAÍS - En 1971 fue convocado para dirigir el Teatro San Martín, en cuyas manos se convirtió rápidamente en un polo cultural de enorme fuerza. Fundó tres compañías estables de teatro, de títeres y de danza.

A los 91 años murió la noche del miércoles en Buenos Aires Kive Staiff, uno de los más importantes gestores culturales que tuvo el país. Oriundo de Entre Ríos, Staiff integró esa luminosa generación de periodistas culturales de los años 60 y 70 que acompañaron a Jacobo Timerman en publicaciones como "Confirmado", "Panorama" y especialmente "La Opinión", y que también integraron, entre otros, Ramiro de Casasbellas, Tomás Eloy Martínez, Ernesto Schóó, Alberto Tabbia, Gerardo Fernández y Aníbal Vinelli. Por su conocimiento del teatro, y sus dotes para la gestión, en 1971 fue convocado para dirigir el Teatro Municipal General San Martín, en cuyas manos se convirtió rápidamente en un polo cultural de enorme fuerza.

Amplió los repertorios (por ejemplo George Bernard Shaw, que no se representa desde hace años, tuvo con Staiff un momento de gloria), incorporó actores y directores de prestigio, fundó tres compañías estables, de teatro, de títeres y de danza, creó la revista del teatro (que dirigía su excompañero de redacción, Gerardo Fernández), convirtió a la Sala Leopoldo Lugones del décimo piso en una segunda cinemateca, le dio al teatro una imagen reconocible a través un nuevo logo y grandes fotografías en las puertas (tarea de otro artista cercano a su gestión, Edgardo Giménez), y el público se multiplicó. Ya en sus primeros meses llevó a la escena producciones inolvidables como el "Romance de lobos", de Valle Inclán, con Alfredo Alcón, e "Ivonne, princesa de Borgoña", de Gombrowicz, ambas con dirección de Jorge Lavelli.

En declaraciones a este diario en 2009, Staiff expresó: "Cuando llegué al Teatro San Martín no había desafío intelectual, ni social, ni cultural. Siempre intenté ir contra la ignorancia de nuestra clase dirigente porque, debemos asumirlo, nuestros dirigentes son burros. Es difícil hacerles entender la cultura como continuación de la educación, como una herramienta para vivir y morir mejor. Mi lucha fue siempre terrible y catastrófica, no siempre tuve suerte pero algo creo que conseguimos. Ocurre que los dirigentes casi siempre piensan a la cultura como mero entretenimiento, y no un ariete para destruir las injusticias. El escenario es muy adecuado para el debate de ideas, y todo hecho por personas. Esa es la gran fascinación de la que otros medios de comunicación adolecen".

Publicó ensayos como"El teatro de Armando Discépolo" (1968) y "Tadeusz Kantor y el teatro de la muerte" (1984). Como productor independiente, produjo obras como "Final de partida", "La dama boba", de Lope de Vega, y "El zoo de cristal", de Tennesse Williams.

En 1973, la llegada del peronismo al poder, con su búsqueda de un repertorio puramente populista, lo desplazó de un plumazo, pero en 1976 fue nuevamente convocado por el gobierno militar. Eso le valió críticas de algunos sectores de la cultura, pero lo cierto es que su regreso al San Martín le aseguró a los porteños un lugar para seguir respirando aún en tiempos adversos. Además, les dio trabajo a algunos actores "observados" por la dictadura, y protegió a otros aunque no pudiera convocarlos para trabajar. Su gestión, no sólo en lo artístico, fue tan valorada, que con el regreso de la democracia en 1983 el Gobierno de Raúl Alfonsín lo confirmó de inmediato en su cargo. Una vez más, las producciones del San Martín volvieron a tener también el brillo de la libertad, además de la calidad. El oscurantismo se tomó algunas revanchas, como cuando fuerzas ultracatólicas atacaron el teatro durante las representaciones de "MisteroBuffo", de DarioFo, con el Premio Nobel actuando en la sala.

En 1996, cuando Fernando de la Rúa llegó a la jefatura del Gobierno de la ciudad y María Sáenz Quesada a la entonces Secretaría de Cultura, se produjo un enroque muy desafortunado que separó a KiveStaiff del San Martín, para nombrarlo director del Teatro Colón, mientras Ernesto Schóó llegaba a la dirección del San Martín. Ni uno ni otro estaban cómodos en esos cargos; además, la nueva gestión se desprendía de Sergio Renán, de brillante gestión en el Colón, al que le había dado inolvidables temporadas desde 1989. Staiff, sin experiencia en el manejo de una sala lírica, concentró sus esfuerzos en algo que tampoco pudo ser: la recuperación de la Ópera de Cámara. Schóó, un destacado periodista y escritor que jamás había estado en la función pública, fue rápidamente superado por los conflictos gremiales.

Dos años más tarde, con la renuncia de Sáenz Quesada y el nombramiento de Darío Lopérfido en Cultura, ambos renunciaron. Staiff ocupó un cargo cultural en Cancillería, y en 2000 regresó al lugar que nunca debió haber abandonado, la dirección del San Martín. En 1998 Renán fue nuevamente convocado a la dirección artística del Colón cuyo director general era entonces el presidente de Konex, Luis Ovsejevich. Sin embargo, el frágil estado de salud del director de "La tregua", que había superado una larga internación, y un entorno político que no era el mismo, lo llevaron a presentar rápidamente la renuncia.

En 2010, Staiff (ya aquejado por algunos problemas de salud) se alejó del San Martín, aunque continuó cercano a las nuevas autoridades como asesor. Entre otras distinciones, recibió el título de Officier de L'Ordre des Arts et des Lettres del gobierno de Francia.

M. Z.

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