9 de noviembre 2010 - 00:00

Murió Massera, ex militar condenado por atrocidades

El ex almirante Emilio Eduardo Massera, de 85 años, murió ayer en el hospital naval de Buenos Aires, víctima de un paro cardiorrespiratorio. Estaba internado allí cumpliendo, bajo régimen domiciliario, la condena a perpetuidad que le aplicó, junto con los otros comandantes del período 1975-1983, un tribunal en 1985 por delitos cometidos bajo su responsabilidad en la represión clandestina de las guerrillas en esos años. La Justicia anuló el indulto que recibió de Carlos Menem en 1990, por lo cual esa condena quedó firme. Además, estaba procesado desde 1998 por sus responsabilidades en el presunto robo y cambio de identidad de hijos de desaparecidos durante el régimen de facto, causas en las cuales había sido declarado inhábil por su estado mental. Sin embargo, un peritaje médico de la Justicia italiana determinó, en 2008, que el ex militar tenía «plenas facultades» para afrontar un juicio penal en Roma por el crimen de tres ciudadanos italianos en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), iniciado el año pasado. «Uno que ha sido un héroe, que está orgulloso de sí, que fue un salvador de la Patria, que evitó el caos, no entiende cómo desde Italia se lo pretende juzgar», decía nada arrepentido el temible «Comandante Cero», entrevistado por los peritos italianos en su departamento de Buenos Aires.

Como los otros jefes militares que actuaron bajo la última dictadura, Massera mantuvo silencio hasta su muerte sobre las acusaciones, negándole a la sociedad que le dio poder y que construyó su carrera militar un relato sobre lo ocurrido. Ese silencio y los delitos por los cuales fue condenado bajo un régimen democrático convirtieron a Massera en un emblema de lo más tenebroso del período 1976-1983. Nunca pudo, además, justificar una acción de gobierno ni un acto al servicio del interés público. Los daños de su acción se proyectan no sólo sobre sus víctimas, que lo fueron de la peor expresión del totalitarismo que es el terrorismo de Estado; también sobre el conjunto de la sociedad en el cual su silencio contribuyó para mantener heridas lacerantes que siguen abiertas.

Estaba postrado desde 2002 a causa de un aneurisma cerebrovascular, que impidió que fuese juzgado en la Argentina e Italia por crímenes de lesa humanidad.

La muerte de Massera ocurrió en momentos en que fue reabierto en la Argentina el juicio por los crímenes cometidos en el ex centro de concentración de la ESMA, que pertenecía a la Armada y en donde se calcula que fueron asesinados 5.000 detenidos-desaparecidos.

Con su muerte, el único sobreviviente de la Junta Militar que en marzo de 1976 derrocó al Gobierno peronista de María Estela Martínez de Perón es el ex general Jorge Rafael Videla, actualmente sometido a juicio en Córdoba por el presunto asesinato de detenidos-desaparecidos.

Por disposición del Gobierno están prohibidas las honras fúnebres castrenses a los ex jefes militares implicados en delitos cometidos en su función.

Massera había nacido el 19 de octubre de 1925 en Paraná, Entre Ríos, 500 kilómetros al noreste de Buenos Aires, e integró junto con Videla y el brigadier Orlando Ramón Agosti la primera Junta Militar. Junto con Videla fueron jefes, respectivamente, de la Armada y del Ejército en el último tramo del Gobierno peronista. El tercer jefe en ese tiempo era Héctor Fautario (Aeronáutica), quien a finales de 1975 pidió el retiro por no estar de acuerdo con el proyecto de golpe militar que se realizó en marzo del año siguiente; lo reemplazó el brigadier Osvaldo Agosti, quien murió en 1977.

El golpe de 1976 se justificó en el desorden, la violencia terrorista y en la crisis económica que vivía el país en ese momento, y hasta tuvo un aire de apoyo de la sociedad que pudo creer en la necesidad de una solución militar, clásica en la Argentina hasta entonces. La Junta creyó que ese consentimiento podía justificar acciones que, en un balance, agravaron la situación recibida por ese Gobierno de facto. Con insistencia, los comandantes se preciaron de haber derrotado a los terroristas, a quienes se combatía desde el Gobierno de «Isabel» Perón con métodos que estaban fuera de la ley. Nunca ese argumento pudieron usarlo en su defensa por la dimensión de las atrocidades que la mayoría del país conoció recién cuando ese régimen declinaba, a comienzos de los años 80.

Massera formó después de 1978 un partido político denominado De la Democracia Social e intentó conseguir el apoyo del peronismo -incluso se proclamó heredero de Juan Domingo Perón- luego de pasar a retiro a fines de 1978. En ese proyecto actuaron cuadros del peronismo, algunos de ellos reclutados bajo tormento cuando estaban detenidos-desaparecidos en la Escuela de Mecánica de la Armada, en donde funcionó el campo de detención considerado como centro de la represión clandestina.

En esa iniciativa se le atribuyeron relaciones con instituciones tenebrosas como la logia masónica Propaganda Due (P2) y con su líder, Licio Gelli, que había tenido contactos con Perón y actuó en el retorno del fundador del peronismo al país en 1972.

Se le atribuyeron relaciones, además, con instituciones universitarias de la Iglesia que actuarían también en un proyecto político con el cual pensaba Massera lanzarse como candidato presidencial en 1983, quimera que terminó el colapso del régimen militar después de la derrota en la guerra de las Malvinas.

«Estoy en una posición privilegiada. Mis jueces disponen de la crónica, pero yo dispongo de la historia. Y es allí donde se escuchará el veredicto final», lanzó a los jueces tras escuchar el fallo de la Cámara Federal que lo condenó a reclusión perpetua y lo destituyó de su grado militar en el histórico Juicio a las Juntas en 1985. En ese juicio, como en el resto de su vida, Massera negó cualquier responsabilidad en delitos aberrantes y nunca dio ningún tipo de testimonio, salvo algún reportaje por TV en el cual volvió a justificarse sin dar detalles de la actuación que se le atribuyó.

En otra de sus apariciones dijo en 1981: «Es posible que los argentinos tengan algún matiz autodestructivo», y agregó, altanero: «A un terrorista no se lo podía interrogar como a un niño, ¿no?».

En un reportaje a un diario preguntó: «¿Creen por un segundo que todo lo que hicimos en aquel entonces fue sin el aval de los políticos, de los empresarios y de los curas? ¿Qué político de este país puede asegurar que no se reunió alguna vez con Massera? Yo llevo a Dios sentado sobre mi hombro», remató.

Dentro del Gobierno militar se lo consideraba como defensor de una línea dura en materia represiva frente a otros integrantes como Videla, quien se justificaba como el ala blanda de la Junta.

La última audiencia contra Massera se celebrará el próximo día 16 de diciembre con la presentación de su certificado de muerte en el tribunal que lo juzgaba en Roma por la desaparición de tres italianos, con lo cual se cerrará el juicio donde se lo acusó de asesinato y de otras atrocidades. Entre las víctimas están Ángela Aietta Gullo, madre del diputado nacional Juan Carlos Dante Gullo, desaparecida el 5 de agosto de 1976 tras ser detenida por apoyar a los opositores al régimen.

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