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Murió Osvaldo Miranda, último porteño elegante
Protagonista de innumerables films y obras de teatro, a Osvaldo Miranda se lo recuerda mucho más como el protagonista de la telenovela «La nena», con Marilina Ross.
Su archirrival en escena y amigo en la vida, Juan Carlos Thorry, lo antecedió hace ya once años. Thorry era el galán de nobles sentimientos y aturdidas reacciones, Miranda el hipócrita perverso que pretendía a la misma dama, o mejor dicho la fortuna de la dama, con malas artes. Pero también fue el hombre de la casa de paciencia puesta a prueba en dos programas inolvidables de la televisión en blanco y negro, «La nena», con Marilina Ross, y «Mi cuñado», con Ernesto Bianco. Y fue muchos otros personajes, y también cantante, animador, presidente de la Asociación Argentina de Actores y luego del Centro de Jubilados de la misma entidad, y, sobre todo, un hombre encantador.
Nacido Osvaldo Isaías Mathon Miranda el 3 de noviembre de 1915 en Villa Crespo, a los 21 ya actuaba en el teatro Maipo, partenaire ocasional de los capocómicos Dringue Farías y Mario Fortuna. Y a los 22 apareció, cruzándose con Florencio Parravicini, en «Los muchachos de antes no usaban gomina», de Manuel Romero. Pronto vendrían sus personajes enfrentados a Niní Marshall, Luis Sandrini, Pepe Arias y Enrique Muiño («Cándida millonaria», «Secuestro sensacional», «El profesor Cero», «El viejo Hucha»), sus temporadas de revista y teatro de comedias, y desde entonces, su nombre se mantuvo en la calle Corrientes y alrededores, y en todos los cines del país, y en muchos de Hispanoamérica, donde lo llevaron las películas que hizo junto a Libertad Lamarque, Amanda Ledesma, Olinda Bozán, Mirtha Legrand y Lolita Torres. Con esta última hizo «Amor a primera vista» y «Novia para dos», donde pasó de antipático a enamorado.
Para entonces ya corría 1956 y él tenía compañía con Irma Córdoba y Enrique Serrano, haciendo comedias como «Esta noche mato a mi mujer», en teatro, y «Mi marido y mi padrino» en la incipiente televisión, donde además integró el elenco de uno de los primeros programas del canal 7, «La comedia de bolsillo», y lucirse durante cinco años como animador del «Tropicana Club». En los 60 vendrían el «Show Rambler» y los grandes éxitos de «La nena» y «Mi cuñado», de los cuales en los años 90 se hicieron nuevas versiones.
Ya para entonces estaba retirado. Sus últimas películas fueron la remake de «Los muchachos de antes no usaban gomina», 1969, donde hizo el personaje de Parravicini (¿qué joven actor habrá hecho la parte que le tocó en la primera versión?), y mucho después una breve reentrée a pedido de los amigos, en «Frutilla», 1980. Pero en teatro siguió un buen tiempo más, con éxitos como «40 kilates», con Mirtha Legrand, «La jaula de las locas», con Tincho Zabala, y «Hoy ensayo hoy», de Rodolfo Graziano, encabezando un enorme elenco de viejas figuras.
Gozó, por suerte, de numerosos reconocimientos, tanto a trabajos específicos como a su trayectoria en general (Ciudadano ilustre de Buenos Aires, Huésped de Honor de Mar del Plata, Premio Konex de Platino; cuatro Martín Fierro, Premio a la Trayectoria de la Asociación de Cronistas, dos premios Florencio Sánchez, etc.), y hasta recibió un curioso homenaje de las nuevas generaciones: la banda electro-pop Miranda! se llama así en honor suyo. «Nos encantó ese tipo tan elegante», dijeron los chicos. A propósito: en una escena de «El viejo Hucha» Osvaldo Miranda aparece cantando el tango «Malena». Valga la aclaración: la mímica era suya, la voz era de su amigo Juan Carlos Miranda, cantor de la orquesta de Lucio Demare. Una anécdota, de las tantas que poblaron su vida. «Fue una vida linda, porque empecé bien de abajo», comentaba, agregando: «La primera vez que apareció mi nombre en un afiche, lo único que aparecía más abajo era el nombre de la imprenta».
Por decisión de su familia no habrá velatorio y su cuerpo será cremado hoy en el Cementerio de Chacarita y depositadas sus cenizas, junto a las de su esposa Amelia, en el Panteón de Actores.


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