Músicas distintas para un mismo ballet

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El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín (que dirige Mauricio Wainrot) estrenará hoy un nuevo programa integrado por obras de tres coreógrafas llegadas de distintas vertientes: «Gershwin» de Elizabeth De Chapeaurouge, «Como el agua que fluye» de Mabel Dai Chee Chang (sobre músicas de Marcelo Fabián Martínez, Kagel, el Chango Spasiuk y Nino Rota) y «Beethoven B» de Ana María Stekelman. Dialogamos con De Chapeaurouge y Dai Chee Chang acerca de estas creaciones.

Periodista: ¿Cuáles fueron los puntos de partida para «Gershwin» y «Como el agua..»?

Elizabeth de Chapeaurouge: Me llamó Mauricio Wainrot el año pasado, me sorprendió y a la vez me encantó. Hice esta creación especialmente para el Ballet. Hace muchos años, viendo «El hombre que amamos», con Jorge Navarro, Baby López Furst y Ernesto Acher sobre músicas de Gershwin, me surgió la idea de utilizar esos maravillosos arreglos. A Acher le gustó la propuesta y a Wainrot también. La coreografía conjuga lo neoclásico y el jazz. Trabajamos desde la abstracción, pero también aparece el romance, los juegos entre tres, dúos, como los flashes de una película.

Mabel Dai Chee Chang: «Como el agua que fluye» tuvo otras instancias antes de llegar acá. Primero fue un solo para un homenaje a Mauricio Kagel, que terminó en un video, después una performance, y al recibir la convocatoria de Wainrot se me ocurrió retomar esta obra.

P.: ¿Cómo les resultó el trabajo con esta compañía?

E. D, C.: Maravilloso. En «Gershwin» intervienen 14 bailarines que fui seleccionando a partir de las variaciones que les planteaba. Yo vengo de otro «palo», del jazz y del musical, y esta gente es muy disciplinada y dúctil. Cuando tuvimos que abordar la parte de jazz debimos entender los códigos de la técnica, bailar bien abajo cuando ellos hacen habitualmente lo contrario. Yo trabajo sobre la musicalidad del movimiento, hay mucha síncopa. Nunca hubo resistencia por parte de ellos.

M.D.C.C.: En mi caso hubo gente que se interesó en experimentar y abrirse a otros caminos, y otros a los que les costó mucho y no quisieron. Mi trabajo se centra no sólo en el movimiento sino en el paisaje que se crea con el cuerpo, objetos, y esas imágenes van construyendo un sentido, no son narrativas ni del todo abstractas. Los paisajes que se crearon oscilan entre lo onírico y la exacerbación de la belleza y la juventud de ellos. Además aquí tuve todas las posibilidades que en un trabajo independiente no tendría, con mucha gente y recursos escenotécnicos.

P.: ¿Qué pautas y métodos utilizan para sus creaciones?

E. de C.: Plasmo la idea general. Escucho mucho la música, en este caso trabajé sobre la musicalidad del movimiento, después fui guionando las situaciones y de qué manera las plasmaba, lo fui diseñando arquitectónicamente. Veo como en un plano desde arriba, y después lo voy probando y a veces modificando.

M.D.C.C.: Yo casi nunca parto de una música, trabajo desde la imagen y el objeto, y el músico después tiene que crear sobre eso. Voy probando con los objetos, jugando con ellos, y a partir de eso se va creando un espacio y un paisaje.

Entrevista de Margarita Pollini

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