Mutantes y monstruos ya no son exclusivos de Hollywood

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Desde el sótano del Incaa, en cuya filmoteca trabaja, emerge la profesora July Massaccesi, conocida guionista y productora de decenas de cortos. Y sumerge al público, inesperadamente, en una pesadilla fantástica, inhabitual en nuestro cine, como es «Cabeza de pescado», que se estrena hoy. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Cómo surgió su película «Cabeza de pescado»?

July Massaccesi: Mis amigos Fernando Barrientos y Edgardo Sosa escribieron un primer bosquejo en 1999. Entonces yo daba clases en la Enerc. Lo seguí de cerca, y cuando terminaron el guión (donde incluso habían dejado definido el concepto de ambientación sonora) enseguida empecé a trabajar en la producción del proyecto. Te digo que no fue fácil encontrar un productor que se interesara, recuerdo uno que quería cambiar casi todo.

P.: Usted le dedicó años. ¿Qué le atrajo tanto?

J.M.: Es una historia apasionante, una historia oscura y melancólica, sobre una familia envuelta en la traición y en el desamor, con un hijo diferente, que se va transformando en un monstruo, pero es el hijo. Me hizo sumergir en un universo único. Cuando terminé de leerla me emocionó hasta las lágrimas. Aparte, sentí que era una idea muy original y que no había mucho cine argentino en esa dirección.

P.: ¿Le tentó debutar en el largo con algo tan extraño, de género fantástico?

J. M.: No lo sé. Una se pone en el camino, después el camino te va llevando. Pero yo lo veo como un drama terrible, si se quiere con toques de género pero drama. La historia fue clara desde un principio, el sentido siempre fue el mismo, nunca se puso en duda ni siquiera el final. Particularmente hay una mezcla de lo real y lo imaginario, lo que pasa hoy y lo que puede pasar en un futuro cercano, en un tiempo y un lugar «parecido» al nuestro. Esa atemporalidad le da fuerza a la historia.

P.: ¿Qué les pidió a los intérpretes?

J:M.: Solo que se compenetraran con la historia. Quería que fueran libres en su interpretación. Me sentí muy acompañada por ellos, Martín Pavlovsky, Ingrid Pellicori, Laura Nevole, Carlos Kaspar, todos fueron fantásticos.

P.: ¿Y el que hace de comprador de niños mutantes, para llevarlos a peleas mortales donde se hacen grandes apuestas?

J. M.: Me lo recomendaron, y tenían razón. Me interesó su rostro, hicimos ensayos y logró una interpretación cínica y desbordada. Mirko es un personaje especial, es un hombre sin escrúpulos, no tiene límites, para él todo esta dentro de la normalidad.

P.: El estilo de la película está fuera de «la normalidad».

J. M.: Con el equipo técnico tuvimos muchas reuniones para definir el clima. Siempre quise que la película fuera en blanco y negro, con leves toques de color. Carlos Zapparelli consiguió la luz y el tono que necesitaba, muchas veces haciendo cosas que estaban fuera de las reglas. También era importante que la misma persona atendiera la cámara y el montaje, en este caso el trabajo con Rafael Menéndez fue intenso e impecable. ¡Esa presencia de la cámara que mira todo el tiempo y que por momentos sorprende al espectador! Y era fundamental que la música acompañara la propuesta estética dentro de este universo y con Daniel Martín pudimos lograrlo. El sonido fue bastante trabajado en postproducción, previo armado del diseño con Gerardo Kalmar. Respecto a los decorados, mi idea siempre es trabajar en decorados naturales y allí poder ambientarlos. Filmamos en un taller de taxidermia, la Facultad de Ingeniería, el Hospital Rivadavia, Interama, una escuela en Devoto, el anfiteatro «Arturo Illia» de Vicente López, el Museo de Ciencias Naturales ... El equipo me acompañó todo el tiempo, durante años, realmente me sentí feliz.

P.: ¿Y el niño mutante? ¿Hasta qué punto estaba dispuesta a mostrarlo?

J. M.: En realidad nunca quise mostrarlo por completo, me gusta la idea de jugar con la imaginación del espectador hasta el final.

P.: ¿Qué repercusión inicial tuvo?

J. M.: En los festivales argentinos (Inusual y Festilatino) ganó en total diez premios. ¡Fue increíble! A la India y Puerto Rico no fui, pero me comentaron que resultó muy aplaudida. De ahí la pidieron para varios otros festivales de diverso género. Claro que hacer una película, sobre todo diferente, es algo muy complicado. El presupuesto siempre es menor al ideal, nada es fácil, creo que este film funcionará con el boca a boca, con el tiempo. ¿Pero como se hace para mantenerla en cartel? Aun así, me siento muy satisfecha y agradecida. Hicimos una obra interesante, y ya tengo un par de propuestas para hacer otra.

Entrevista de Paraná Sendrós

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