21 de abril 2011 - 00:00

Nación y Ciudad chocaron en apertura de la Feria

Corte de cintas en la apertura de la Feria del Libro: aplauden Rodolfo Amawi, Hermes Binner, Alberto Sileoni, Esteban Bullrich, Hernán Lombardi y Gustavo Canevaro.
Corte de cintas en la apertura de la Feria del Libro: aplauden Rodolfo Amawi, Hermes Binner, Alberto Sileoni, Esteban Bullrich, Hernán Lombardi y Gustavo Canevaro.
La inauguración de la Feria del Libro arrancó anoche con un discurso conciliador del presidente de la Fundación El Libro, Gustavo Canevaro, y cerró con una extensa alocución, al borde de la arenga de barricada, a cargo del ministro de Educación Alberto Sileoni.

La sombra del intento de censura a Mario Vargas Llosa (a quien sólo mencionó explícitamente el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, quien disertó antes que Sileoni) articuló en buena medida la confrontación del Gobierno nacional con el de la Ciudad, en la que se filtraron, como en revuelta mesa de saldos, el inca Garcilaso de la Vega, Federico García Lorca, David Viñas y el canal «Paka Paka».

Canevaro inició su disertación con una larga lista de elogios hacia los gobiernos de Cristina de Kirchner y de Mauricio Macri. Destacó la facilitación de una sinergia entre políticas públicas y privadas en materia de cultura y destacó la designación de Buenos Aires como Capital mundial del libro 2011, cuyo premio a la libertad de expresión, dijo, se realizará en el transcurso de la Feria.

En contrapartida, aunque con un tono menos severo al de varios de sus predecesores, condenó «debilidades» como la continuidad de la aplicación del IVA, la no promulgación de la Ley del Libro y los altos costos añadidos a la exportación editorial, cuya solución -morigeró- se está tratando en estos días con las autoridades correspondientes.

Rodolfo Amawi fue el primero en manifestarse, aunque sin mencionar nombres propios, el conflicto por Vargas Llosa, cuando señaló que «no hay sociedad posible sin disenso», requisito para la existencia de una «completa libertad de expresión».

Lombardi sí dio nombres: «Sin eufemismos. Buenos Aires es una ciudad de cultura y libertad, de pluralismo y diversidad...», señaló, para rematar: «Y hace un orgulloso homenaje a David Viñas y a Mario Vargas Llosa», para responderle implícitamente a Horacio González, gestor del pedido de censura al Nobel peruano.

El funcionario porteño se refirió también al peligro de «estigmatizar de peligrosos e inmorales a los que profesan la opinión contraria», en un discurso que apuntaló en la simbólica coincidencia de efemérides: el Bicentenario del nacimiento de Sarmiento, de la muerte de Moreno, y de la sanción del Decreto y Reglamento sobre la Libertad de Imprenta».

Sileoni, que remarcó su carácter de representante de Cristina de Kirchner en ese acto, también abogó por la libertad de expresión pero no «de cualquier libertad». En un discurso donde contraponía siempre el «nosotros» al «ellos», defendió la existencia de un «Estado fuerte» al que todavía le queda mucho por hacer y «para lo cual no bajará los hombros». A partir de la idea de que la libertad es la de los humildes, incursionó en la necesidad de la ley de servicios audiovisuales, para lo cual condenó la no inclusión del canal infantil «Paka Paka» en la grilla de Cablevisión, entre otras prácticas monopólicas.

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