Newton descubrió que, en muchas ocasiones, existe lo que se llama una "falsa idea de movimiento". Los cohetes, por ejemplo, no se propulsan empujando el suelo o el aire atrás de ellos, sino que se mueven hacia adelante al expulsar gas hacia atrás en la cámara de combustión y es el gas entonces el que ejerce una gran fuerza de reacción hacia adelante sobre el cohete. A esta fuerza de reacción se le llama empuje.
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Con la economía puede estar pasando algo similar. Mientras que para algunos la actividad económica se mueve, para otros, desde el Gobierno sólo se hace lo mínimo para garantizarse un resultado electoral. Sin embargo, un sector más numeroso y silencioso está sufriendo los efectos de la acción y/o inacción.
Para muchos, el crecimiento de 2,9% del año pasado implica necesariamente que el país se ha puesto en movimiento de nuevo, sin analizar en gran medida qué es lo que hizo que la Argentina crezca a una tasa relativamente magra. A priori, y endeudamiento mediante, podría decirse que la construcción y las finanzas tuvieron mayor importancia que el agro y la industria.
La piedra de toque de la discusión podría pensarse en función del ahora célebre "Plan Perdurar" que el economista Carlos Melconian acuñó para explicar la pragmática y desafortunada estrategia del Gobierno para mantenerse en el poder. Este 'plan' resulta de la sumatoria de una fórmula que propone un peronismo desdibujado como oposición, endeudamiento anual del orden de los u$s 30.000 millones, tasa de interés elevada, e indicadores modestos como inflación de piso del 15% anual, crecimiento del 2%, salarios a la baja en términos reales, tipo de cambio lento y niveles de consumo mediocre.
Sin embargo, el Plan Perdurar, tiene poco de "plan" y nada de "perdurar", sobre todo para aquellos que resultan los damnificados del modelo económico. El crecimiento económico está compuesto, hasta ahora, por actividades que no generan empleo de calidad: un análisis de la Universidad Nacional de San Martín mostró que en los últimos 24 meses, el empleo registrado creció en 280 mil puestos, pero de ese total, el 54% pertenece a las categorías de monotributistas y el 9% a trabajadores de casas particulares. El empleo asalariado, en tanto, creció únicamente en el sector público, mientras que en el sector privado descendió levemente. Para una parte importante de la población está registrando serios inconvenientes para subsistir. Por eso resulta peligrosa la idea de que, con el plan tal cual estamos hoy, se garantiza ese mantra del gobierno que reza "lo peor ya pasó".
Tomemos el coeficiente de Gini, un indicador de desigualdad de ingresos que cuanto más cercano a 1 implica una peor distribución de la torta. Según el INDEC, en el tercer trimestre del año pasado, marcó 0,427 puntos respecto del 0,428 del segundo y del pico de 0,451 de igual período del 2016. Pese a la mejora interanual, todavía se encuentra a distancia de las cifras que heredó el macrismo (en el segundo trimestre de 2015 era de 0,372) y que responde al desaguisado económico que llevó a una fuerte transferencia de recursos por devaluación e inflación y la captación de éstos por parte de una menor porción de la población. Es necesario retroceder hasta 2008 en la serie histórica para hallar una foto distributiva más desigual. Por otro lado, la brecha entre los más ricos y los más pobres es de 20 veces. En el segundo trimestre e 2015, último dato disponible antes del apagón, la distancia entre los ingresos de los hogares del primer y último decil había sido 16 veces.
Pero hay más. La inflación del mes de febrero que midió el INDEC fue de 2,4%. Según la UMET, que midió exactamente la misma inflación para febrero, la sumatoria anual del alza de precios arroja un 26,3%. Sin embargo, el aspecto más relevante del estudio es que realiza una medición comparativa entre distintos niveles de ingresos (deciles), de la que resulta que la inflación para la franja de menor retribución (decil 1) fue de casi un 3 por ciento en febrero, muy lejos del 2,15 por ciento que le correspondió a la población de más altos ingresos (decil 10).
Consecuencia de este impacto diferencial de los aumentos en diferentes rubros que no sólo ocurrió en febrero sino que viene comportándose como tendencia en los últimos dos años, la inflación para el 10 por ciento de hogares de menores ingresos sumó en los últimos doce meses 29,9 por ciento, cinco puntos y medio sobre la inflación para el mismo período del decil de ingresos más altos. Haciendo la misma comparación pero desde noviembre de 2015 hasta febrero de este año, resulta que la inflación para el decil 1 alcanzó el 104 por ciento y para el decil más alto fue del 80 por ciento: 24 puntos de diferencia.
Por último, piénsese qué ocurre con las tasas de interés elevadas que suponen una carga financiera de la deuda pública y por ende una realimentación del déficit público, financiado con endeudamiento y suba de impuestos. Si como es frecuente la mayor parte de los impuestos es pagada por las familias de clase media y baja, y si mayoritariamente la deuda pública está en manos de los sectores de ingresos altos, las tasas de interés elevadas implican una peor distribución de la riqueza, porque esos hogares de ingresos elevados recibirán mayores interesas de la deuda pública, pagados en definitiva, por los hogares de ingresos medios y bajos, que así ven aumentada su presión impositiva (que suben para hacer frente al mayor déficit).
Así, lo que Newton denominó una "falsa idea de movimiento" y Melconian describió como la fórmula para "perdurar" en el poder sin hacer cambios, podría estar resultando más dañina de lo que muchos creen. Todo un salto... hacia atrás para millones de argentinos.
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