Río de Janeiro - El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, volvió a defender ayer la estatización de bancos en problemas, durante un discurso en la sesión de apertura de la edición de 2009 del Foro Económico Mundial para América Latina. Al hablar ante los más de 500 empresarios, banqueros, ejecutivos y funcionarios gubernamentales que acudieron al encuentro en esa ciudad, Lula sostuvo que el Estado juega un papel fundamental en la superación de la actual crisis financiera global, que demanda de la creación de un nuevo orden económico internacional. «Por lo tanto, la nacionalización de bancos, aun cuando temporal, no debe ser descartada por motivos ideológicos», expresó el mandatario, quien subrayó que, por primera vez, los países en desarrollo no son responsables de la crisis. «Las crisis ya no son privilegio de países en desarrollo», dijo Lula, y sostuvo que las naciones menos industrializadas «no hemos creado el problema, pero somos parte de la solución».
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Primer paso
Según el presidente brasileño, la Cumbre del G-20, realizada el 2 de abril pasado en Londres, «ha dado el primer paso al reconocer que no hay solución sin la participación de los países en desarrollo», y al decidir revisar la distribución de cuotas y votos en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Banco Mundial. Lula dijo que la crisis obligó a todos los países del mundo a reconocer que «no era honesto, no era justo -sobre todo hacia la parte más pobre de la humanidad- que alguien pudiera ganar billones de dólares sin producir absolutamente nada, sino solamente canjeando papeles por papeles y más papeles».
Por esta razón, consideró que «hay que poner fin a la falta de regulación del sistema financiero mundial». Sin embargo, aseguró que eso no significa entregarle al Estado el poder total en la economía: «No quiero un Estado interventor, sino un estado fiscalizador». En un rápido contacto con la prensa a la salida de la conferencia, el mandatario consideró como «urgente» restablecer los flujos de crédito comercial, que virtualmente desaparecieron tras el estallido de la crisis.
«Si no hay garantías de flujos de crédito, los países pobres podrán sufrir consecuencias muy serias. El FMI puede ayudar, pero los países ricos también deben ayudar», sostuvo.
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