8 de febrero 2013 - 00:00

“No encasillarme, a mí me juega a favor”

Zenko comparte escenario con sus hijas Laura González y Elis García, para reeditar canciones «relacionadas con el pop, algunas de las cuales no canto desde hace mucho tiempo».
Zenko comparte escenario con sus hijas Laura González y Elis García, para reeditar canciones «relacionadas con el pop, algunas de las cuales no canto desde hace mucho tiempo».
A lo largo de su carrera, Julia Zenko fue del teatro musical al concierto, del tango a la balada, de las canciones de María Elena Walsh al repertorio de Elis Regina, de Piazzolla y su operita «María de Buenos Aires» al bolero electrónico. Esos son apenas algunos de los lugares por los que ha pasado la cantante, para incomodidad de algunos productores y periodistas acostumbrados a definir el perfil de los artistas. A propósito del espectáculo que está presentando los viernes en el Velma café junto a sus hijas Laura González y Elis García, dialogamos con ella.

Periodista: Usted es consciente de que el reparo más habitual por parte de sus críticos tiene que ver con el eclecticismo de su repertorio.

Julia Zenko: A mí, sin embargo, ese eclecticismo y esa falta de encasillamiento que puede haber incomodado, ese aparente caos, me ha jugado solamente a favor; no veo nada en contra. Además, siempre me fue bien, más allá de algunas críticas. Nunca fui ambiciosa económicamente. Me gusta el teatro. Me gusta la música. Vivo de esto desde hace años. El tango me hizo viajar y trabajar con gente como Gidon Kremer o Yo-Yo Ma. A fines del año pasado estuve actuando en Cuba con Luis Gurevich y me di el gusto de cantar «Te recuerdo Amanda» de Víctor Jara, algo que me debía desde hace tiempo. Qué más puedo pedir. Mi ejemplo, sin pretender una comparación con una artista semejante, es Mercedes Sosa que, al volver del exilio en los años 80, decidió mezclarse con músicos de rock, de tango, de balada, pese a que todos la identificaban con el folklore.

P.: ¿Cómo resultó la experiencia de armar un espectáculo con sus hijas?

J.Z.:
Fue bravo al principio porque tuve que cambiar mi papel de madre y ubicarme como profesional. En el comienzo, esos lugares no estaban tan claros y se generó cierta crisis. Llegó un momento en que fue necesario sentarse, hablar y dejar en claro que, cuando hubiera conflictos, de repertorio, de criterios, yo era quien tenía la última palabra. Por lo demás, es un placer enorme estar con ellas en el escenario. Fueron ellas mismas las que eligieron el repertorio, y prefirieron canciones más relacionadas con el pop, algunas de las cuales yo no canto desde hace mucho tiempo. Y hay momentos de éxtasis, porque cantan muy bien, por lo que fueron esas canciones para mí, porque sean ellas quienes rescatan esa parte de mi pasado.

P.: Hace mucho que no graba un disco personal.

J.Z.:
Sí, pero no estoy obsesionada con eso de grabar un disco. El último que edité fue uno dedicado a Elis Regina, en 2010. En ese sentido, estoy con dos cosas en la cabeza. Por un lado, un álbum de folklore, un género con el que todavia no me he metido mucho, que me gustaría terminar este año. Por otra parte, tengo un proyecto en carpeta desde hace tres años, compartido con un músico muy importante de Noruega llamado Sverre Indris Joner, a quien conocí gracias a mis giras con «María de Buenos Aires», interpretando boleros antiguos, no siempre muy recordados, mezclados con la electrónica y el rap.

P.: ¿Algún proyecto teatral?

J.Z.: Sí. En abril se estrenará en el Lola Membrives una producción de Sabrina Romay, sobre Camila OGorman. Se llama «Camila, nuestro musical». Está basado en la historia real con texto, música y dirección de Fabián Núñez. Yo haré el papel de Ana «La Perichona», abuela de Camila. Tendré que hacer de una mujer de setenta y pico de años, aunque también habrá una aparición de juventud.

Entrevista de Ricardo Salton

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