Tal vez la mejor prueba de que la suba del viernes (significativa no por el 0,36% que ganó el Dow al cerrar en 12.004,36 puntos, sino porque rompió una seguidilla de seis semanas consecutivas en baja) no se debió a la confianza en la solución de la crisis griega, sea que 48 horas después nada había cambiado y las charlas entre el primer ministro Papandréu (hasta ahora, y a pesar de su ofrecimiento de dar un paso al costado, es evidente que sigue aferrado al poder con todas sus fuerzas) y la cúpula europea FMI seguían sin aportar nada concreto. De una u otra manera (esto es, con o sin default de por medio), Grecia conseguirá dinero, la situación social seguirá inestable, el primer ministro perderá la próxima elección y los ahorristas europeos quedarán furiosos con sus representantes. Dicho de manera más clara, estamos frente a una situación que no tiene lo que podríamos llamar una auténtica solución, mientras los actores sigan siendo los mismos. Lo bueno del caso es que más allá de los fuegos de artificio y algún uso interesado de lo que está ocurriendo, mientras no se sobrepasen ciertos límites (amenaza de ruptura en la eurozona), la situación no debiera pasar a mayores. La pregunta entonces es qué fue lo que disparó la suba del viernes. Aunque parezca increíble, es muy posible que la respuesta tenga que ver con la estadística. Como señalamos en el comentario del viernes, una sola vez en los 115 años de historia del mercado accionario norteamericano (o del Promedio Industrial Dow Jones) se anotó una seguidilla de más de seis semanas consecutivas en suba, lo que sugería que era altamente improbable que esto ocurriese. De hecho, no ocurrió. Es posible que en los próximos días se anuncie alguna forma de rescate para el Gobierno de Atenas (con default o sin default, el país y su gente seguirán estando ahí; quien es responsable de lo ocurrido es el Estado griego y quien lo han llevado a la actual situación).
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