- ámbito
- Edición Impresa
No la salvan ni sus buenas escenas de acción
Los hermanos Pang no tuvieron problema en hacer un remake inverosímil y deslucido de su propio film homónimo de 1999, donde el protagonista era mudo y no tenía la apariencia de Nicolas Cage.
Sin embargo, sin motivo aparente, en su gira por Tailandia algo enternece al temible Joe. No sólo se enamora de una farmacéutica sordomuda que le vende una curita y le da consejos de primeros auxilios con gestos dulces y expresivos. Peor aún, se hace amigo del joven delincuente que contrata como ayudante, al punto que decide romper todos sus códigos habituales al decidir darle un curso veloz de asesinato y otras malas artes.
Una por una, todas las reglas que tan claramente ha mantenido en su misteriosa carrera homicida, van siendo olvidadas a medida que perpetra sus cuatro contratos tailandeses.
Esta superproducción de los hermanos Pang (los de «El Ojo» y sus secuelas) es un auto remake del film homónimo de 1999 donde el asesino era mudo y no tenía la apariencia de un superastro hollywoodense tomándose unas vacaciones por el sudeste asiático. El concepto del film acerca de que hasta el criminal más miserable puede esconder un corazón de oro está expresado en forma muy poco verosímil, en el mejor de los casos, casi poéticamente. Algo que en realidad no ayuda a darle tensión a un thriller, especialmente cuando el énfasis está puesto en los detalles esteticistas, descuidando todo rigor en el desarrollo de una trama previsible y monocorde.
Cada tanto alguna excelente escena de acción mejora las cosas (de hecho, hay una persecución en lanchas que casi salva la película), pero al final no hay redención ni para el protagonista, ni para los hermanos Pang, que por un buen puñado de dólares no tuvieron problema en asesinar su película original.
D.C.


Dejá tu comentario