6 de mayo 2011 - 00:00

“No me imagino un Mozart sin la alegría del público”

Once años después de su aplaudida «Lady Macbeth de Mtsensk» con Mstislav Rostropovich, Sergio Renán vuelve al Colón de la mano de Mozart.
Once años después de su aplaudida «Lady Macbeth de Mtsensk» con Mstislav Rostropovich, Sergio Renán vuelve al Colón de la mano de Mozart.
A casi once años de su última producción en el Teatro Colón (la recordada puesta de «Lady Macbeth de Mtsensk» dirigida por Mstislav Rostropovich), el cineasta, director teatral y régisseur Sergio Renán, quien condujo esa sala en tres períodos, uno muy largo y fructífero entre 1989 y 1996, y dos breves, en 1998 y entre el 2000 y el 2001, regresa al primer coliseo para poner en escena «La flauta mágica».

El Singspiel de Mozart con libreto de Emanuel Schikaneder podrá verse a partir del 15 de mayo, con dirección musical de Frédéric Chaslin y un elenco encabezado por Patrick Henkens, Lyuba Petrova, Aline Kutan, Reinhard Hagen y Markus Werba. Dialogamos con Renán en un impasse del primer ensayo en el escenario.

Periodista: ¿Cómo recibió esta convocatoria de la dirección del Colón?

Sergio Renán: Con mucho placer, es obvio que mi relación con el Colón es todo un tema; dirigir aquí no es lo mismo que hacerlo en otra sala. Ha habido por parte del Teatro una muy buena disposición para mi proyecto, que es complejo y diría suntuoso en cuanto a lo visual.

P.: ¿Cómo vive este momento en que las ideas van cobrando forma?

S.R.: Toda puesta es una sucesión de etapas, la primera de las cuales consiste en imaginar. Ahora, ir poniendo en realidad lo que uno imagina supone una enorme cantidad de pasos, el trabajo con el escenógrafo, el iluminador, en este caso los encargados de animaciones, los cameramen que van a tomar las imágenes durante las funciones, preparando las filmaciones previas, y empezar a ensayar con los cantantes frente a los que tengo muchos requerimientos actorales. Yo vivo esta etapa como satisfactoria, lo cual no es fácil para mí. Todos los movimientos escénicos, toda la alternancia que tiene esta puesta entre lo proyectado y lo corpóreo, hace aparecer problemas no imaginados frente a los que en ciertos casos no hay demasiado tiempo para resolver.

P.: ¿Cuál de los muchos aspectos de esta ópera le interesó destacar?

S.R.: La confrontación de valores morales que tienen sus personajes, real o teórica, encuentra en mi mirada, y en cualquier otra más o menos minuciosa, fisuras en los comportamientos y los pensamientos de los representantes del Bien y del Mal, que yo no trato de disimular sino de particularizar, porque no me imagino una «Flauta Mágica» sin alegría de los artistas y del público. Todos los momentos en que las conductas de los personajes toman un rumbo diferente al previsto son los que más me interesan. He tenido mucha suerte porque tengo algunos cantantes-actores del mejor nivel, no ya entre aquellos con los que yo haya trabajado sino que yo haya visto.

P.: ¿La idea entonces es humanizar a los personajes?

S.R.: Absolutamente, lo cual en algunos casos no constituye ningún problema, porque Papageno, por ejemplo, tiene una humanidad muy obvia y una proyección muy poderosa, pero me refiero a los más sacralizados.

P.: ¿Le interesó remarcar la simbología masónica presente en esta ópera?

S.R.: En algunos momentos, pero más que por su significación, por sus posibilidades de proyección de gestualidad, interesante para momentos intrínsecamente retóricos y dramáticamente no demasiado propiciatorios. La simbología de la gestualidad, de la que Diana Theocharidis se encargó, reproduce gestos absolutamente existentes, y está claro que es advertido por uno entre miles de espectadores, pero el que no tiene la posibilidad de entender sí comprende el concepto, que en general tiene que ver con la adoración a Sarastro y a los valores que él representa, o que parcialmente representa.

P.: Usted siente una especial atracción por Mozart...

S.R.: La mayor. Esta era la ópera que faltaba, porque hice aquí la trilogía Mozart-Da Ponte, pese a que iba a hacer un «Don Giovanni» en el 2001, cuando yo mismo tuve que levantar la temporada, y era una nueva concepción de esa ópera que no pude plasmar, pero también me entusiasma ésta, que es la que da a partir de la índole de la historia las mayores posibilidades desde el punto de vista de la imaginación y de las proyecciones, el cine, la televisión, que aparecen de manera inevitable.

P.: Algunos ven en el libreto de Schikaneder un exceso de ingenuidad o poca profundidad. ¿Qué se puede responder a eso?

S. R.: El mayor mérito de este libreto es el que se refiere, si bien era un género popular y exitoso en la época, a la posibilidad de belleza y de imaginación que la historia propone, mucho más que lo conceptual. Yo propongo que nos quedemos con la exaltación de la alegría.

Entrevista de Margarita Pollini

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