28 de agosto 2013 - 00:00

“No se escribe desde la herida sino desde la cicatriz”

Lucía Larragione:  “Lo que ve como duro hacia mi padre en el libro tiene que ver con un transcurrir vital. Mi padre era objeto de todas las admiraciones, eso no impide ver otros aspectos suyos. No es que yo haya dejado de quererlo”.
Lucía Larragione: “Lo que ve como duro hacia mi padre en el libro tiene que ver con un transcurrir vital. Mi padre era objeto de todas las admiraciones, eso no impide ver otros aspectos suyos. No es que yo haya dejado de quererlo”.
Tres novelas recientes, escritas por mujeres, revisan lo que vivieron por haber sido hijas de padres afiliados o simpatizantes del Partido Comunista. El más reciente de esos libros es "Vidas Opacas", de Lucía Larragione, que publicó Editorial Biblos.

La autora es hija del periodista, escritor y editor Raúl Larra (por Larragione) y de la escritora Sara Papier (por Papiermeister). Lleva publicados más de quince libros de cuentos y novelas para chicos y adolescentes. Los más recientes son "Diario de una viaje imposible" y "Diario de un amor a destiempo", que escribió "a dos voces" con Ana María Shua. En teatro, sus obras "Cocinando con Elisa", "Criaturas del aire" y "El reino de las imágenes nítidas", le han hecho conquistar diversos premios, entre otros, en Madrid, el Premio María Teresa León para autoras dramáticas. Dialogamos con Lucía Larragione sobre su novela que revive la intimidad de un sector del mundo intelectual del siglo pasado.

Periodista: ¿Cómo es que pasó de escribir novelas para chicos y jóvenes, y obras de teatro, a una novela que tiene mucho de testimonio de vida?

Lucia Larragione:
La verdad que, simplemente, tuve ganas de escribir una novela. No tenía demasiado claro de qué se trataba hasta que empecé a escribir. Diría que el tema fue algo que se me impuso, que debe de haber estado madurando dentro de mí, y en algún momento salió, primero como deseo no demasiado claro, y después, cuando comencé a escribir, empecé a darme cuenta de qué se trataba.

P.: ¿No le resulta sorprendente que, con muy poca diferencia de tiempo, aparecen entre nosotros tres novelas escritas por mujeres que cuentan cómo habían vivido el que su padre fuera comunista. Alicia Dujovne Ortiz con "El camarada Carlos", Claudia Piñeiro con "Un comunista en calzoncillos", y usted con "Vidas opacas"?

L.L.:
Creo que es una mera coincidencia. Hay relaciones y diferencias. El libro de Alicia (Dujovne Ortiz) salió hace unos cuatro años, el de Claudia Piñeiro, como el mío, este año. Tanto el padre de Alicia Dujovne como mi padre fueron afiliados al Partido Comunista, en cambio el de Claudia era un padre comunista entre comillas, un comunista dentro de la casa. Era como ella dice, con un título fantástico, un comunista en calzoncillos. Hubo una época en que aparecieron libros de hijos, no de hijas, de militantes del Partido Comunista, que eran muy reveladores, que hacían una revisión crítica. Un ejemplo serían los libros de Isidoro Gilbert, como "El oro de Moscú o "La Fede" sobre la historia de la Federación Juvenil Comunista, que a la vez que son tan profundamente críticos como testimonialmente autobiográficos.

P.: Mientras que el libro de Alicia Dujovne Ortiz se trata en gran parte de una investigación que la lleva hasta Moscú, tanto el suyo como el de Claudia Piñeiro se basan en la memoria, en los recuerdos.

L.L.:
El de Claudia (Piñeiro), como el mío, es un libro donde se ficcionaliza la biografía. Ella dice: "no todo sucedió como se cuenta aquí, y a mí me pasa lo mismo, no todo lo que relato sucedió de esa manera. En el caso de Alicia (Dujovne Ortiz), no sé si es en París, donde vive buena parte del año, ella descubre una trama secreta de su padre, en la que Carlos Dujovne aparece casi como un espía, y llega a ir a Moscú a que le permitan revisar los archivos que quedaron de la ex Unión Soviética. En "El camarada Carlos" cuenta su investigación.

P.: Cada libro es una visión desde distintos sectores sociales. Alicia Dujovne Ortiz habla, por lo menos por su madre, desde la clase alta. En el caso de Piñeiro cuenta desde los sectores medios urbanos. En el suyo, se mezclan los sectores medios, bajos y campesinos.

L.L.:
Eso por parte de los italianos, por parte de los judíos no tanto, viene más intelectual la mano. Pero, es cierto, si bien hay coincidencias entre los libros, las diferencias son notables.

P.: En su novela hay una nena, que es su alter ego, que descubre con dolor que su padre tiene una amante en el extranjero.

L.L.:
Ese es el personaje, es la ficción no la realidad. No digo que no haya habido otros episodios, pero ése lo escribí desde la perspectiva dramática que supone el conocimiento inesperado, la revelación de algo íntimo por una nena de doce años.

P.: ¿Y es verdad que descubre que, si bien su padre es el intelectual un tanto bohemio, su madre, Sara Papier, ocultaba que era escritora, y cuyo libro se llama "Vidas Opacas", como esta novela suya?

L.L.:
Si usted pone "Vidas opacas" en Internet seguramente aparece el libro de mi mamá. Bueno, ahora aparece también el mío; estamos las dos. Pero en la novela no sólo vuelvo a traer a mi vieja, que estaba más oculta, sino también a mi viejo que todos estos años ha dejado de ser mencionado.

P.: ¿No le parece que en su novela es un poco dura con Raúl Larra, su padre, que fue, además de un bohemio, el director de una editorial y como escritor, entre otras cosas, el primer biógrafo de Roberto Arlt, de Payró, de Lisandro de la Torre, de Jorge Newbery y del General Mosconi?

L.L.:
Lo que ve como duro tiene que ver con un transcurrir vital. Mi padre era objeto de todas las admiraciones, eso no impide ver otros aspectos suyos. No es que yo haya dejado de quererlo. Pero era un señor que hacía también esas cosas que cuento en mi libro. Bueno, la bohemia de los años treinta y cuarenta era así. Él tenía una cosa muy libre, no escribía sobre personajes que le señalaba el Partido sino sobre aquellos que le interesaban a él, que él admiraba, y que tenían que ver con la constitución del país, como Arlt, el líder del Partido Demócrata Progresista o "el general del petróleo". No sé si esos libros le trajeron problemas, recuerdo que sí los tuvo con la novela "El uturunco está entre nosotros". Otra coincidencia entre mi libro y el de Alicia Dujovne, es que, en el libro de mi padre "Mundo de escritores", cuenta que fue Carlos Dujovne el que le dijo por qué no se ponía a editar, y así nació la editorial Futuro. Julio Cortázar cuenta que él leía a Arlt "en las horribles ediciones de la editorial Claridad y en las no menos horribles de Futuro".

P.: ¿Es cierto que su madre rechazó las propuestas de noviazgo de Jorge Luis Borges?

L.L.
: Lo único que puedo decir es que en mi casa había una ejemplar del libro "Las Kenningar", editado en 1933 por Francisco Colombo, que yo vendí después, dedicado por Borges "A Sarah, mi amiga belicosa". Había convertido a mi mamá en Sarah, una Sara con hache, una Sara inglesa. Nunca pude saber de qué habían discutido, en qué sentido ella fue "belicosa".

P.: ¿Qué sintió al terminar de escribir una novela que tiene momentos dramáticos y hasta trágicos y es un evidente reencuentro con su pasado?

L.L.:
Estuve muy contenta porque pensaba que nunca la iba a poder terminar. Me costó mucho (aunque como diría mi papá no es una novela sino una nouvelle) si bien no se escribe desde la herida sino desde la cicatriz. Creo que vino bien poder transitar por esta historia con una mirada propia. Tomando hitos de mí historia. La primera parte esta contada por una nena, la segunda cuando ya es adulta. El libro comienza en 1957 con la "Operación Cardenal" que organiza el General Quaranta, jefe de la SIDE. Distribuyen en todas las comisarías sobres con los nombre de los comunistas de los distintos barrios, y a los doce de la noche hay una redada, y ahí caen todos los anotados, incluso Pablo Neruda que estaba en la casa de Rodolfo Aráoz Alfaro, que estaba casado con Margarita Aguirre, que había sido la secretaria del poeta chileno, con lo que se arma un desaguisado internacional. Junto con mi padre fueron presos Osvaldo Pugliese y Raúl González Tuñón, entre otros. A partir de ahí cuento de una familia, que integra a italianos y judíos. Hablo del país, de un barrio donde se da la confrontación entre peronistas y una familia intelectual de izquierda, y a partir de allí se avanza hasta la vejez y la muerte de un padre que a pesar del deterioro físico sigue dando valor a las palabras.

P.: ¿Vuelve al teatro después de esta novela?

L.L.:
Vengo un poco floja, ando pensando algo. Tengo con "Cocinando con Elisa" un capital muy particular porque se sigue haciendo en distintos lugares, y ahora, en octubre, se pone en francés en el Teatro del Centauro de Luxemburgo, así que me voy a verla.

Entrevista de Máximo Soto

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