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Noche terrible para Ginés, bajo fuego en P. Chacabuco
Ginés González García y Marcela Pierini.
Los novios creían esa noche que lo más violento que les tocaría era el flamenco que vieron en un teatro del centro. Cuando terminó, cena y, como admite ahora Ginés, «lo que nunca hay que hacer». Se quedó charlando con su novia Marcela en la puerta de la casa durante media hora, en la oscuridad. El funcionario nunca lleva custodia (ni cuando fue ministro nacional) ni emplea chofer; se traslada en un Passat particular del 99 que, cuando terminaba el diálogo de novios, fue cercado por dos autos. Uno se colocó atrás, advirtió Ginés, y saltaron tres jóvenes armados, «chiquitos, bajitos, no estaban sacados». Uno se le acercó a la ventanilla, que estaba medio baja, y Ginés emprendió otro gesto «de los que nunca hay que hacer». Aceleró el auto para escapar. La acelerada duró poco; el Passat rodó un metro y chocó contra un segundo auto con cómplices de los asaltantes.
Entregado que fue el botín, todo parecía terminar con la mezcla de amargura y despojo que devasta a la víctima de cualquier asalto, pero sobrevino algo peor. Cuando Ginés y su novia habían bajado del Passat y veían que se lo llevaban los asaltantes, el vehículo pareció brincar. El auto tiene caja automática, un ingenio que no todos dominan. Ginés quería que se fueran y los instruyó: «Apretá el acelerador antes de poner la marcha para destrabar la caja; es automático», les gritó. Tampoco sirvió porque apareció de las sombras y el silencio un patrullero con la licuadora encendida y pitando la sirena. Se bajaron dos policías y la emprendieron a los tiros con los ladrones. Ginés se embozó detrás de un árbol, la novia Marcela se zambulló en un zaguán.
Ese patrullero venía siguiendo a uno de los autos de los ladrones que había sido robado en la tarde del sábado y que tenía instalado un rastreador satelital. Lo encontraron justo en la cs (crime scene, como enseñan las películas) que tenía como víctimas a Ginés y a su novia.
Policías y ladrones cruzaron por lo menos quince disparos, pero el Passat con los agresores pudo escapar; lo siguió el patrullero desde el cual disparaba un policía hasta que los ladrones lo abandonaron para huir corriendo. Se perdieron en la noche y, según los pesquisas de la Comisaría 34ª de la zona, se refugiaron en la villa 1-11-14, en el cercano Bajo Flores.


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