Noruega: admite el premier investigar a la Policía

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Oslo - El primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, reiteró ayer su llamada a la entereza, convencido de que Noruega «no se dejará doblegar» por el doble atentado que causó 76 muertos. Pero la polémica social y política provocada por esos hechos lo llevó a admitir que analizará la criticada reacción de la Policía.

Lo prioritario ante la «tragedia nacional» que sufre el país es «confortar y asistir» a las víctimas, afirmó el jefe del Gobierno laborista en una comparecencia ante medios extranjeros. Pero después se procederá a «analizar en profundidad la reacción de las fuerzas de seguridad ante la crisis», garantizó.

El primer ministro salió así al paso a las crecientes críticas sobre la actuación de la Policía el viernes último tras el atentado contra el complejo gubernamental de Oslo, en el que murieron 8 personas, seguido del tiroteo de la isla de Utoya, con 68 víctimas mortales.

En los medios salta día a día un goteo de informaciones que van de recortes de partidas presupuestarias -que habría impedido el uso de un helicóptero para detener antes al terrorista Anders Behring Breivik- o fallas de coordinación, así como bochornosas correcciones en el número de víctimas, puesto que algunos cadáveres se contaron dos veces.

«Héroes»

Frente a todas las críticas, el ministro de Justicia, Knut Storberget, afirmó ayer, tras reunirse con los responsables de las fuerzas especiales, que los agentes que acudieron a la isla de Utoya tras el tiroteo son «héroes».

«Los llamé anteriormente héroes y son nuestros héroes. Esos a los que visité hoy son los que estuvieron en primera línea y los que ayudaron a recobrar el control en un situación muy complicada», aseguró Storberget.

Agregó que Noruega «debería sentirse orgullosa» de esta unidad especial y subrayó que con su visita quería mostrarles a estos agentes su «reconocimiento» y «apoyo» frente a las críticas. En tanto, se informó que el autor del doble atentado se entregó a la Policía con las manos en alto y después de haber bajado sus armas.

«Le gritamos que éramos policías armados para llamar su atención. De pronto lo tuvimos ante nosotros, con los brazos en alto sobre la cabeza. Su arma estaba 15 metros detrás de él y lo detuvimos con toda normalidad», relató un miembro del comando que actuó en el hecho, Jacob Baertnes, en conferencia de prensa.

Breivik se arriesga a una pena de entre 21 y 30 años de cárcel, según se lo condene por terrorismo o por crímenes de lesa humanidad, respectivamente. Con todo, si la Justicia evalúa que sigue resultando una amenaza cuando cumpla su pena, podría permanecer recluido de manera indefinida.

Sugerencia

Su abogado, en tanto, sugirió que podría plantear su insanía como modo de lograr que se lo declare inimputable.

El afán por recuperar la normalidad sufrió ayer un retroceso con la evacuación durante dos horas de la estación central de ferrocarril de Oslo, a causa de la alarma desatada por una valija abandonada, lo que finalmente fue una falsa alarma.

Poco después se difundió la noticia de que la policía buscaba a un presunto «admirador» de Breivik, al que los medios definían como «psicológicamente inestable» y «peligroso» y que el pasado lunes fue puesto en libertad tras haber atacado una comisaría.

Parte de las dependencias gubernamentales afectadas por la explosión volvieron ayer a la actividad, pero Oslo está aún lejos del regreso a la normalidad, en tanto que los servicios secretos y Policía tratan de establecer si Breivik actuó en soledad o si tiene dos células de apoyo, como declaró ante el juez de instrucción.

Agencias EFE, Reuters, DPA y AFP, y Ámbito Financiero

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