16 de noviembre 2009 - 00:00

Notable programa ruso de la Filarmónica

Alejo Pérez, al frente de la Orquesta Filarmónica y el Coro Estable del Colón, en el teatro Coliseo.
Alejo Pérez, al frente de la Orquesta Filarmónica y el Coro Estable del Colón, en el teatro Coliseo.
Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dir.: A. Pérez. Sol.: A. Fedorova. Coro Estable Teatro Colón. Dir.: M. Ayub. Obras de S. Rachmaninov y A. Borodín. (Teatro Coliseo).

El décimoquinto concierto del abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires fue dirigido por Alejo Pérez, uno de los más activos conductores orquestales de nuestro medio. A su juventud aúna una calidad no habitual. Con una impresionante carrera internacional desarrollada en los últimos tiempos, desde 2009 Pérez es el director musical del Teatro Argentino de La Plata, donde dirigió «La condenación de Fausto», de Berlioz y más recientemente, «Nabucco», de Verdi.

Su repertorio de gran amplitud incluye también música contemporánea que presenta periódicamente con los más grandes organismos del medio. Esta versatilidad lo ha llevado ahora a estructurar un interesante programa para exponer con la Filarmónica de Buenos Aires. Esta orquesta que muestra permanentemente signos de recuperación y de afirmación de sus valores musicales siguió sus indicaciones en dos obras de compositores rusos: Sergei Rachmaninov (1873-1943) y Alexander Borodin (1833-1887). Del primero se escuchó una auténtica rareza. Es la versión para piano y orquesta de la Sinfonía N° 2, en Mi menor, Op. 27, en arreglo del pianista Alexander Warenberg (1952), y que aparece como «Concierto para piano y orquesta N° 5».

Respetando los materiales originales, Warenberg urdió un concierto en tres movimientos que condensan los cuatro de la sinfonía. La obra no pierde su esencia post romántica y le da una cabida de gran virtuosismo al piano, que estuvo en las manos de Anna Fedorova, quien supo transmitir con vigorosos acentos la voluptuosidad de la partitura. La Filarmónica aportó su calidad a una exuberante orquestación, típica del estilo Rachmaninov.

La parte final del concierto contó con la participación del Coro Estable, preparado luego del alejamiento de Salvatore Caputo, por Marcelo Ayub. El ímpetu triunfal de la obra, «El príncipe Igor», de Borodin en las escenas corales y en las fogosas danzas polovtsianas, produjeron un ensamble sólido, donde orquesta y coro se unieron en una rutilante entrega. El público respondió con calurosos aplausos al ver que paulatinamente se van recuperando las bases musicales del Teatro Colón, a través del trabajo serio de sus elencos estables.

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