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Nueva gestión, signada por los desafíos
Sobre todas esas falencias puso su énfasis el programa de Gobierno de Sapag para llegar al poder provincial. Pero la principal no se basaba en un cuestionamiento estructural, sino en una matriz política: la pésima relación que su antecesor, Jorge Sobisch, mantuvo con el expresidente Néstor Kirchner y que había aislado a la provincia de los programas nacionales. Con ese cuadro de situación por delante, Sapag pergeñó una estrategia de acercamiento al Gobierno nacional. Bajo el eufemismo de «federalismo de coordinación» giró en la política exterior de la provincia y se alineó sin miramiento con
Cristina de Kirchner. Ese cambio de 180 grados complicó seriamente los planes de la oposición política, que se basó en una alianza coyuntural -habrá que ver cómo sigue después de la aplastante derrota del domingo- entre la UCR, PJ y los gremios estatales que se reportan a la CTA.
Claro que no fue barato: hoy en día, la masa salarial es de 4.000 a 4.500 millones de pesos anuales, la mitad de su Presupuesto. Este drenaje enflaqueció las arcas oficiales y le restó margen para la atención de otras cuestiones vitales para el desarrollo y el crecimiento de la economía provincial. Por estas desigualdades productivas Sapag deposita sus esperanzas en el subsuelo neuquino, convencido de que allí está la continuidad de su propio destino político y del MPN.
En este punto, es clave su alianza estratégica con el Gobierno central sobre la base de un esquema de poder y de negocios petroleros que tiene cuatro patas: la Secretaría de Energía de la Nación que depende de Julio De Vido, las empresas petroleras lideradas por YPF al mando de la familia Eskenazi y el gremio petrolero -cuyo «pope» Guillermo Pereyra se reporta a Hugo Moyano, pero con fluidos vasos comunicantes con De Vido, Sebastián Eskenazi (CEO de YPF) y el máximo líder de Repsol, Antoni Brufau-, además de la provincia, a través de una asociación empresarial entre ENARSA y Gas y Petróleo de Neuquén Sociedad del Estado.
En paralelo, para el próximo período de Gobierno le quedan al mandatario algunas asignaturas pendientes. Una de ellas es la situación del sistema educativo, que independientemente de la mala relación con el gremio, deja muchos flancos para cerrar.
Otro de los puntos para atacar y de fuerte impacto sobre la situación socioeconómica son las viviendas. Neuquén, debido a su matriz petrolera y a los altos sueldos de los trabajadores y ejecutivos petroleros, tiene sus costos dolarizados, y los alquileres son altísimos para el resto de los dependientes.
La otra apuesta fuerte es la construcción de la represa de Chihuidos, cuya inversión inicial es de u$s 1.500 millones y se convertirá en otro Chocón, con lo que significó para Neuquén en los 60 como factor de desarrollo para la región y proveedor de energía para el país.
A partir de entonces, el MPN modeló la economía provincial sobre la base de una fuerte injerencia del Estado, no sólo en la creación del empleo público, sino en la demanda de servicios que encubre una alta participación de profesionales, pymes e incluso empresas medianas que viven de la obra pública y se convierten en empleos estatales indirectos. Claro que ello le permitió mantenerse desde hace 50 años en el Gobierno.
Por eso, la modernización del Estado y la tentación de dejar todo como está a la luz de los resultados electorales de 5 décadas son el gran desafío no sólo para Sapag, sino también para toda la dirigencia política, económica y sindical. El gran error de la oposición fue el de haber querido hacer lo mismo que ya hizo el MPN. La gente prefirió el original y no la fotocopia.


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