23 de septiembre 2009 - 00:00

“Nunca se termina de conocer a Homero Manzi”

Julia Zenco, Eduardo Spagnuolo, la directora musical Érica Di Salvo y Acho Manzi, hijo del gran letrista, en la avant-première.
Julia Zenco, Eduardo Spagnuolo, la directora musical Érica Di Salvo y Acho Manzi, hijo del gran letrista, en la avant-première.
Hace prácticamente dos años (en noviembre de 2007) fue el centenario de Homero Manzi. Recién ahora llega una película sobre su vida, «Homero Manzi, un poeta en la tormenta». Sobre las razones de la demora, las elecciones artísticas que allí aparecen, y la trastienda familiar, dialogamos con Eduardo Spagnuo, el realizador.

Periodista: Primero, una pregunta ríspida: ¿qué dijo Nelly Omar de la película, que la muestra como amante clandestina, celosa y demandante?

Eduardo Spagnuolo: Todavía no la vio. La invitamos a la avant première pero no quiso ir porque está peleada con Acho Manzi y toda la familia. Acho, en cambio, aceptó sin problemas todas las referencias al amor extramatrimonial de su padre.

P.: ¿Qué tan cierta es la parte donde Acho se entera de la enfermedad del padre?

E.S.: Ah, lo de Carlos Portaluppi encarnando a Manzi... ¡El modo sensible y creíble en que dice «Me voy a morir, carajo»! Esa frase es estrictamente cierta pero muy difícil de decir solo, a cámara, en primer plano. Pero Acho no se enteró ahí. Esa es una licencia poética surgida de los ensayos, que nos permite graficar cómo se iba dando la relación entre ambos, hasta que más tarde el hijo terminaría poniéndole los calmantes por inyección endovenosa. Eso sí es real, y me lo contó el propio Acho, a quien le grabé un par de horas de recuerdos. Él me abrió su corazón hablando de su padre, muy querido, se enganchó apenas leyó el guión, y hasta se hizo coproductor del film. Su aporte estuvo relacionado con los derechos de autor de todos los temas musicales que se oyen en la película (28 en total). Iba a ser una película chiquita, pero Manzi metió la cuchara para hacerla crecer.

P.: ¿Todavía estaba creciendo cuando se pasó el aniversario?

E.S.: Es que el montaje fue muy complejo, con los efectos gráficos y demás cosas que fuimos aportando junto al compaginador Danilo Galasse. Y también hubo, claro, cuestiones financieras que demoraron el final de obra.

P.: Los tangos de Manzi son mayormente conocidos, pero los poemas resultan una novedad. ¿Cómo los descubrió?

E.S.: Los tangos son conocidos pero, por ejemplo, hay que escuchar las orquestaciones y los arreglos de Discepolín, con bandoneón y voz, o una suerte de requiem detrás de «El último organito». Y los poemas son algo distinto de lo que conocemos de Manzi. Acho me los hizo descubrir, y de ellos destaco sobre todo el «Poema confesado», que estaba en su archivo personal y es un hallazgo que redondeó una de las escenas más importantes del film. Yo quería hacer algo sobre un grande, sorprendiendo al espectador lo más posible. Para eso no encontré nada mejor que darle la palabra a Manzi, para que con sus propias obras, incluyendo sus escritos periodísticos, hablara por sí mismo. Esa libertad suya me sirvió para desarrollar mi propia libertad creativa.

P.: Lo suyo me recuerda un film de Joao Botelho sobre el poeta

Pessoa, con mucha libertad de estilo
.

E.S.: Va bien encaminado. También hubo influencias del cine de la época de Manzi, pero, sobre todo, de mi reciente experiencia mezclando géneros y texturas para algún capítulo de la serie «Ensayos». Me parece que en el cruce de ficción, documental, animaciones gráficas y coreografías hay un terreno que puede enriquecer el lenguaje audiovisual, con variedad de técnicas y sistemas de narración. Y que el público ya está listo para que incluyamos en el cine de largometraje todas esas diferentes maneras narrativas.

P.: ¿Cómo trabajó esas ideas con su equipo?

E.S.: Soy un director a la vieja usanza. Las propuestas parten de mi imaginación y el equipo las hace suyas. Paula Pires en la dirección de arte y Ana Lía Vignoles en el vestuario hicieron maravillas para dar credibilidad a una película de época con bajo presupuesto. Pires tuvo un papel destacado, por ejemplo en la escena del casamiento, donde apostamos a una escenografía que se vea como tal, rompiendo el código de verosimilitud naturalista de los decorados, y apostando a la poética

de la narración.

P.: Claro, era eso o gastarse medio presupuesto en hacer una escena convencional de casamiento.

E.S.: Creo que el arma que tenemos para atraer con poco presupuesto al público es la imaginación. Yo quisiera seguir en esa línea de cruce de disciplinas, texturas, y técnicas narrativas. Ahora estamos

desarrollando, con los mismos productores, un proyecto sobre

Discépolo. Mi sueño sería completar la trilogía con Troilo o con Piazzolla. siempre pensando en el público. Este «Manzi» fue hecho para el público. Yo, como director y guionista nada valoro más que ver cuando, en la oscuridad de la sala, alguien se emociona con mi trabajo. Eso significa que le llegó al sentimiento. En mi opinión, de eso se trata el cine.

P.: Insiste en la recuperación del público.

E.S.: Hay que tenerlo en cuenta. Vea, frente a «El secreto de sus ojos», los espectadores han dicho «Aquí estamos, cuando nos toman en cuenta, cuando piensan en nosotros, nosotros acudimos... masivamente». Por esa emoción hago cine.

Entrevista de P.S.

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