2 de diciembre 2010 - 00:00

Obama cierra el cerco a WikiLeaks y blinda a Hillary (por ahora)

Hillary Clinton sonríe mientras dialoga con la jefa de Gobierno alemana, Angela Merkel, en el inicio de la cumbre de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo en Europa, en Astaná, Kazajistán. El Wiki-escándalo dominó la cita.
Hillary Clinton sonríe mientras dialoga con la jefa de Gobierno alemana, Angela Merkel, en el inicio de la cumbre de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo en Europa, en Astaná, Kazajistán. El Wiki-escándalo dominó la cita.
Washington - Bajo el fuego incesante de infidencias que encienden fogatas en todo el mundo, Barack Obama creó ayer un grupo especial para hacer frente a fugas de documentos diplomáticos, que pusieron en jaque especialmente a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, respaldada sin embargo por la Casa Blanca, que rechazó como «ridícula» la posibilidad de que renuncie.

El grupo especial es llamado Interagency Policy Committee for WikiLeaks (Comité de Políticas Interagencias para WikiLeaks), y tendrá la finalidad de bloquear otras fugas, mediante una coordinación de los servicios de Inteligencia.

La publicación de algunos de los documentos de WikiLeaks puso en una delicada situación a Clinton, que firma algunas de las desconsideraciones ahora exhibidas.

Para dirigir el grupo especial, Obama propuso a Russell Travers, quien se desempeñaba como vicedirector del Centro Nacional Antiterrorista. La fuerza especial tendrá que «individualizar y desarrollar las reformas estructurales necesarias a la luz de la fuga de noticias de WikiLeaks», dijo un anuncio de la Casa Blanca, hecho después de que el Gobierno rechazó por «absurdo» el pedido de renuncia de Clinton.

Cuestionamientos

El pedido de dimisión, hecho por el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, y por el inefable Hugo Chávez, es «absurdo y ridículo», dijo el vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs.

Otros analistas cuestionan a Clinton no tanto por la vulnerabilidad demostrada en el sistema de comunicación del Departamento de Estado, sino por la tardía reacción, recién el sábado pasado, cuando se había anunciado ampliamente la inminente difusión de los papeles.

Si bien líderes de los países aliados de EE.UU. han optado por respuestas de baja intensidad ante las revelaciones, lo cierto es que muchos analistas se cuestionan cómo podrá Clinton seguir manteniendo diálogos con gobernantes que, o bien pueden sentirse hasta insultados, o bien tienen para reprochar la vulnerabilidad del secreto diplomático de EE.UU.

«No sé por qué razón nosotros deberíamos prestar atención a las opiniones de alguien que fue cómplice de un gran quiebre de seguridad que amenaza a las personas que hacen un buen trabajo para mantener este país seguro», dijo Gibbs durante una entrevista con un programa de la cadena televisiva NBC.

El vocero dijo «no conocer a nadie que escuche» a Assange, sobre quien ahora pesa un pedido de captura presentado a Interpol por el Gobierno sueco, por una denuncia de violación.

Clinton, hablando en Astana, la capital de Kazajistán, adonde llegó para participar de una cumbre de la OSCE, afirmó que la diplomacia de su país sigue «intacta» aun después de la mayor filtración de documentos secretos de la historia.

De todas maneras, Clinton debió perder tiempo de su visita a Astana para responder por el contenido de los documentos, tema que trató en las reuniones con colegas y mandatarios.

«Ciertamente saqué el tema de las filtraciones con el objetivo de asegurar a nuestros colegas que de ninguna manera interferirán con la diplomacia estadounidense o con nuestro compromiso de seguir adelante con importantes tareas», afirmó la secretaria de Estado.

Los documentos distribuidos por WikiLeaks mostraron opiniones y evaluaciones de diplomáticos estadounidenses sobre mandatarios de todo el mundo, desde el presidente francés, Nicolas Sarkozy, a su colega Evo Morales, pasando por Cristina Fernández, José Luis Rodríguez Zapatero, Silvio Berlusconi, Vladimir Putin (ver aparte) y Mahmud Ahmadineyad, entre muchos otros.

Las revelaciones podrían costarles caro a Clinton y a Obama también en su base electoral. Amnistía Internacional se apoyó en un documento filtrado por WikiLeaks para acusar a fuerzas de Estados Unidos de haber disparado un misil que mató a «docenas de civiles» en Yemen en diciembre de 2009, con Obama en el Gobierno. El cable difundido por WikiLeaks asegura que el presidente de Yemen, Ali Abdullah Saleh, le prometió al general norteamericano David Petraeus que su Gobierno protegería a las fuerzas estadounidenses «diciendo que las bombas eran nuestras, no de ustedes».

Agencias ANSA, AFP, Reuters y DPA

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