Obama llega a la cumbre y define su éxito o su fracaso

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Copenhague - El presidente de EE.UU., Barack Obama, partió ayer hacia Copenhague para participar en la última jornada de la cumbre de la ONU sobre medio ambiente y tratar de lograr, contra las expectativas, un acuerdo sustancial contra el cambio climático.

Obama salió ayer de Washington a las 19 hora local y pasará apenas unas horas en la capital danesa, donde se reunirá con más de un centenar de líderes mundiales con la esperanza de lograr un pacto que recorte emisiones contaminantes y ofrezca financiación a los países más pobres para que se adapten a las nuevas tecnologías.

La Casa Blanca aseguró que quiere un acuerdo sustancial y no se conformará con buenas palabras sin contenido. Según declaró ayer el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, «volver con un acuerdo carente de contenido sería bastante peor que regresar con las manos vacías».

Obama, quien en los últimos días habló telefónicamente con diversos líderes mundiales para tratar de acercar posiciones, «va a Copenhague con la esperanza de continuar los progresos y conseguir un acuerdo sólido que funcione», indicó.

En la víspera de la clausura de la reunión, la posibilidad de conseguir un acuerdo que tenga contenido se encontraba ayer en entredicho.

La propuesta de la Casa Blanca prevé reducir las emisiones de su país en un 17% para 2020 frente a los niveles de 2005. Esto equivale a una reducción del 4% con respecto a los niveles de 1990, la comparación que utiliza la Unión Europea (UE). El esfuerzo será progresivo, de manera que para 2025 se habrá reducido en un 30%; para 2030, un 42%; y para 2050, un 83%.

Otros países consideran que la oferta de EE.UU., basada en un proyecto de ley que aprobó la Cámara de Representantes, pero aún pendiente en el Senado, no es lo suficientemente ambiciosa para el país más rico y el segundo más contaminante del mundo. Algo que Obama podría hacer en Copenhague es declarar su apoyo a un proyecto de ley que maneja el Senado y que prevé recortes más drásticos, en torno al 20%.

Otra área de fricción es aún la financiación, el dinero que los países desarrollados destinarían para que las naciones emergentes se adapten a las tecnologías más limpias.

En las últimas horas, para tratar de desbloquear la situación, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que ya se encuentra en Copenhague, anunció que su Gobierno está dispuesto a participar en un fondo de u$s 100.000 millones al año para sufragar la adaptación de los países en desarrollo.

Otro de los problemas pendientes de cara a un acuerdo final compete a los dos principales países contaminantes, EE.UU. y China, que no consiguen resolver sus desacuerdos.

Resistencia

Pekín se resiste a poner por escrito su promesa de reducir gradualmente la intensidad de sus emisiones, mientras Washington insiste en que de otro modo no será posible determinar si cada país cumple con su parte del acuerdo. En este sentido, el portavoz de la Casa Blanca expresó su esperanza de que «los chinos contribuirán a encontrar una solución».

A juicio de la administración norteamericana, subrayó, el acuerdo «debe incluir elementos sólidos, como la transparencia, para que se pueda comprobar que las partes respetan sus compromisos».

El presidente estadounidense se juega mucho en Copenhague. Si no presenta nuevas propuestas que permitan romper el punto muerto, podría recibir críticas de que no hizo lo suficiente para lograr un acuerdo pese a sus promesas de que EE.UU. «comenzó una nueva era» en la lucha contra el cambio climático. Y si ofrece nuevas propuestas, se arriesga a que la oposición republicana, que ya se mostró intransigente en lo que respecta a la reforma del sistema sanitario, lo acuse de hacer demasiadas concesiones.

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, indicó confiar en que Obama anuncie «algo más» sobre el clima cuando llegue a la cumbre.

También el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva lanzó una advertencia a sus homólogos: «Esta conferencia no es un juego en el que cada uno puede esconder sus cartas en la manga», afirmó. «Si esperamos a que nuestros socios hagan sus apuestas, podemos descubrir que es demasiado tarde y todos seremos perdedores», declaró.

Agencias EFE, DPA y Reuters

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