10 de agosto 2015 - 00:00

Obama mira con recelo a un aliado “esquizofrénico”

Washington y Ankara - Siguiendo recientes declaraciones de altos representantes del Departamento de Estado norteamericano, parece factible que no exista un plan de política estadounidense hacia Turquía. "Es complicado, como todo lo demás en esta campaña", afirmó un funcionario en el ministerio. "Trabajamos duro en ello. Trabajamos muy duro con nuestros colegas turcos", señaló otro en Washington. Y: "Todo está entrelazado".

Los ataques aéreos turcos contra posiciones del prohibido Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) pusieron a Estados Unidos ante un nuevo dilema en su lucha contra el Estado Islámico (EI). Públicamente Washington sale en defensa de Ankara e interpreta los ataques del PKK contra policías turcos como una toma de posiciones. "Respetamos el derecho turco a la autodefensa", una declaración con la que EE.UU. logra cubrir sus espaldas al máximo en lo que a política exterior se refiere.

Y es que en su carácter de vecino de Siria e Irak, Turquía se convirtió entretanto en una plataforma en la lucha contra los extremistas del EI. Desde la semana pasada la Fuerza Aérea turca no solamente realiza ataques para la alianza liderada por Washington. Luego de largos meses de discusiones, los pilotos estadounidenses pueden utilizar ahora bases turcas para bombardear posiciones de EI. Tras años de reserva, este viraje de Ankara -desencadenado por el ataque con bomba en Suruc perpetrado por el EI en el sur de Turquía que dejó 32 muertos- implica un gigantesco salto hacia adelante desde la visión de Estados Unidos.

Pero al margen de declaraciones oficiales y conferencias de prensa, Estados Unidos evalúa desde hace tiempo cuánto puede seguirse fiando del presidente turco Recep Tayyip Erdogan. ¿Se trata para él realmente de la lucha contra EI? ¿O le resulta mucho más importante la represión de los separatistas kurdos, tradicionalmente el mayor enemigo en Turquía? "Así como Turquía está contra la organización terrorista EI, también está contra la organización terrorista PKK", dejó en claro Erdogan ya en octubre pasado.

Según la opinión del presidente estadounidense Barack Obama, Ankara se convierte así en una especie de cubo de Rubik. Si desplaza algunos cuadrados de colores a otro lado en la posición correcta, el lado trasero se desacomoda nuevamente por completo.

Turquía se muestra como una pieza que de a mitades encastra y de a mitades no en un rompecabezas de Medio Oriente cuya solución el presidente Obama busca junto con todos sus estrategas militares, máximos asesores y diplomáticos. Ya sobre el fin de semana se apuntó en fuentes gubernamentales estadounidenses que los ataques contra los kurdos hicieron "más complicadas" las relaciones con Turquía.

Ya desde hace tiempo que Ankara no tiene fama de socio cooperativo. Cuando miró de brazos cruzados la inminente caída de la ciudad fronteriza siria de Kobane, despertó indignación mundial. El Ejército turco se encontraba con tanques en la frontera y oyó las explosiones mientras los yihadistas izaban la bandera negra sobre la localidad fronteriza. Sólo tras largas dudas Ankara se declaró dispuesta a autorizar el tránsito a través de territorio turco de soldados kurdos peshmerga hacia Kobane. A esto se suma que presuntamente funcionarios turcos permitieron a miles de islamistas cruzar la frontera hacia Turquía para sumarse a la sangrienta guerra religiosa, entre ellos muchos que procedían de EE.UU. y Europa.

También habría posibilitado accesos para envíos de armas y combatientes de EI habrían sido tratados en hospitales turcos. Pese a todas estas dudas sobre las intenciones de los turcos, Estados Unidos ahora quiere ayudar a asegurar contra el EI el último tramo de frontera aún sin controlar de unos 100 kilómetros. "Ellos pidieron ayuda y nosotros dimos nuestra aprobación", indicó el Departamento de Estado

El representante demócrata Brad Sherman expresó: "Turquía está de ambos lados". "Por un lado bombardea al EI. Por otro lado bombardea a las fuerzas que combaten contra EI". También el republicano Dana Rohrabacher se refiere a "señales mixtas" y "mensaje esquizofrénico" de los turcos. Conclusión: "Necesitamos de ellos una decisión: ¿quieren ir con nosotros o quieren ir con los radicales musulmanes que quieren destruir la civilización occidental?"

Agencia DPA

Dejá tu comentario