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Obama neutraliza a Chávez y espera
Barack Obama habló scayer en la Casa Blanca.
Obama revierte con sus actos el triste papel que, por mencionar un solo antecedente, jugó Estados Unidos en el golpe de 2002 contra Chávez, cuando reconoció a las efímeras autoridades de facto. Fue esa asonada la que, paradójicamente, terminó desatando las manos del bolivariano, lo hizo abrazar el socialismo y le permitió entregar una imagen más radicalizada.
El mandatario demócrata sentó postura, deja hacer a Brasil y compañía y al parecer espera, seguro de tener la llave para, en última instancia, destrabar la crisis hondureña. ¿En qué radica esa confianza?
Por un lado, Honduras fue en 2005 el segundo país en ratificar el CAFTA (Acuerdo de Libre Comercio EE.UU.-América Central). El pacto blanqueó y acentuó la dependencia comercial del país con la gran potencia, adonde se dirige hoy el 70% de sus exportaciones. Un arma contundente para que el pequeño pero concentrado y localmente poderoso empresariado hondureño, que ha apoyado el golpe, recuerde súbitamente las virtudes de la democracia.
Ayudas
En segundo lugar, Honduras obtuvo en 2008 unos u$s 160 millones en ayuda de países desarrollados (principalmente Estados Unidos) y de organismos internacionales. Esta cifra tiene fuerte impacto en la economía doméstica, sobre todo en materia de programas sociales, en un país con una pobreza del 60% y un PBI de apenas u$s 13.000 millones.
Tercero, las remesas de los hondureños residentes en EE.UU. superan los u$s 2.500 millones anuales, cifra impactante en relación con el mencionado PBI del país.
Es obvio que impedir el envío de ese dinero sería una inmoralidad que pondría en riesgo la subsistencia de miles de familias, pero la amenaza de su limitación también podría tener gran impacto si la Casa Blanca decide la imposición de sanciones al régimen golpista.
La crisis se acerca a su desenlace. Que Obama resista las presiones de los halcones de todo plumaje, persista en el cumplimiento de un nuevo pacto democrático con la región y no dé por Chávez más de lo que Chávez vale puede significar la diferencia entre lo históricamente conocido y un final feliz.


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