7 de septiembre 2010 - 00:00

Octava de Mahler: titánica labor de Alejo Pérez

Con el concurso de tres coros, la orquesta estable del Argentino y ocho solistas, Alejo Pérez condujo el domingo la portentosa obra de Mahler.
Con el concurso de tres coros, la orquesta estable del Argentino y ocho solistas, Alejo Pérez condujo el domingo la portentosa obra de Mahler.
«Octava sinfonía» en Mi bemol mayor, de Gustav Mahler. Orquesta Estable del Teatro Argentino (cuarto concierto del Ciclo Anual). Coro Estable del Teatro Argentino (Miguel Martínez). Coro Polifónico Nacional (Roberto Luvini). Coro de Niños del Teatro Argentino (Mónica Dagorret). Dirección: Alejo Pérez. (Teatro Argentino, 5 de septiembre. Repite viernes 10 y domingo 12).

Tres semanas después de que el Teatro Colón estrenara su cámara acústica con la imponente «Tercera sinfonía» de Gustav Mahler, el Argentino estrenó la suya, austera y hecha en sus talleres, con la «Octava», partitura mahleriana más ambiciosa en el orgánico requerido, tanto que copiando el slogan del empresario Gutmann se la llamó «Sinfonía de los Mil», aunque el autor no especificó cantidad de ejecutantes.

A la sola reunión de las fuerzas determinadas por el compositor (8 solistas, tres coros y un ensamble de instrumentos cuya simple enumeración insumiría un párrafo entero) se suma una extraordinaria complejidad rítmica, armónica, dinámica, tímbrica y también filosófica (no es casual que en sus 100 años de vida sólo se haya ejecutado en la Argentina dos veces). La «Octava» encierra un verdadero misterio en sus dos partes contrastantes en su planteo (la primera en torno al himno «Veni creator Spiritus», la segunda basada en la escena final del «Fausto» de Goethe).

La versión ofrecida por Alejo Pérez al frente de la Orquesta y Coro Estable y de Niños del Argentino, con el concurso del Polifónico y solistas de primer nivel, fue más que solvente. El cuarteto femenino integrado por Soledad de la Rosa, Daniela Tabernig, Adriana Mastrangelo y Elisabeth Canis brilló en cada intervención, y Luciano Garay y Hernán Iturralde también fueron perfectos vocal y fonéticamente, mientras que el tenor Carlos Bengolea cumplió dignamente con una de las partes más ingratas de todo el repertorio sinfónico-coral, y Paula Almerares deslumbró desde las alturas con una Mater literalmente Gloriosa.

Los coros y la orquesta lucieron homogeneidad y fueron desde la energía más desatada hasta la sutileza más profunda. Como en cualquier expresión artística, es estéril buscar el significado de la «Octava» en la biografía de Mahler, sus escritos o en testimonios de sus contemporáneos: los creadores hablan por sus obras. Podría señalarse de este concierto detalles que resultan insignificantes frente al hecho sustancial: los casi 400 bajo la batuta de Alejo Pérez lograron que Mahler dijera lo suyo, dando cauce (como escribió Borges en su soneto a Brahms) a ese «río que huye y que perdura».

Dejá tu comentario