26 de enero 2009 - 00:00

Ofensiva K para arrebatarle PS a polo opositor

Sin descanso, el socialismo sigue envuelto en un duelo entre los K y los anti-K que llegó ya a los tribunales y amenaza con seguir sumando voltaje. El ala pro Kirchner dio ayer un paso en esa dirección al proclamar una nueva cúpula en el PS bonaerense.
La nominación, durante un congreso en Mar del Plata, desafía una resolución del partido nacional, que capitanea Rubén Giustiniani, con perfil anti-K, que en setiembre pasado, durante un plenario en La Pampa, resolvió la intervención del socialismo de Buenos Aires.
La contraofensiva de los K operó ayer con la designación del diputado Ariel Basteiro como jefe del PS bonaerense como paso previo a ensayar una embestida para disputarle a Giustiniani el control del partido. Todo, claro, con la legislativa de octubre como horizonte.
El desafío refuerza la táctica judicial de los pro K que impugnaron el congreso pampeano en el juzgado de Servini de Cubría y, en paralelo, recurrieron a la Cámara Electoral para que disponga que, hasta tanto se resuelva aquella instancia, interrumpa la intervención.
En esa línea, ayer se proclamó a Basteiro como si se cumpliese el cronograma electoral que había fijado internas el 30 de noviembre, cuestionadas por el sector de Giustiniani y que, hasta la intervención, sólo contaba con una boleta inscripta: la encabezada por el diputado.
Con eso desconocen la intervención a cargo de Carlos Maniero -suspendió la interna- que Basteiro califica como «clandestina» porque «la única decisión que tomó fue expulsar a un histórico empleado de la federación».
Ese grupo, que también integran el vicejefe de Gabinete, Oscar González, Andrés Cordeu -designado adjunto- y Jorge Rivas, ex titular partidario, como delegado constituyente, entre otros. La pretensión es mantener al socialismo dentro de la Cconcertación kirchnerista.
Estallido
Se sabe que el PS de Giustiniani va y viene en su vínculo con la Coalición Cívica y la UCR, y expresa una postura abiertamente opositora a los Kirchner. Esa diferencia de posturas fue saldada, con esfuerzo, en 2007, pero estalló en 2008 y derivó en la intervención del PS de Buenos Aires.
De fondo está el riesgo siempre latente de una fractura y un retroceso hacia los tiempos previos a 2002, cuando se unificó el socialismo en un solo partido entre el PSP y el PSD. Salvo por casos puntuales, la más notable es la de Héctor Polino, los «populares» están contra Kirchner y los «democráticos» prefieren aportar al FpV.
Esa tendencia tuvo ya un atisbo en la Capital Federal con la escisión de Raúl Puy y Susana Rinaldi que, enfrentados con Roy Cortina, decidieron crear un partido propio. Los pro K, por ahora, crearon una línea interna con la intención de competir «desde adentro».
Pero, en rigor, la posibilidad de una fractura está latente en cada movimiento de los dos sectores.
En simultáneo, el sector Basteiro-González-Rivas tiene sus críticas hacia la «pejotización» que se registra en el Gobierno nacional y alertan sobre la incertidumbre que genera esa tendencia pero, según Basteiro, «en vez de irnos, nos quedamos a pelear».

Dejá tu comentario