Oposición sin talento, principal activo de Chávez en el poder

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• Priman los errores tácticos y la desunión.
• Algunos hablan hasta de «golpes buenos»

Caracas - Hugo Chávez, por ahora, la tiene fácil. Mientras la crisis del chavismo se vuelve sistémica y el almanaque se encoje ante las elecciones legislativas del 26 de setiembre, enfrente del líder venezolano no hay una, sino varias oposiciones. Buena parte de ellas hoy ensaya su cohesión en la Mesa de Unidad, con un cronograma de primarias.

Aunque esa vía representa un cambio importante si se la compara con la abstención generalizada en las elecciones de 2005 por parte de la oposición -permitió al chavismo y sus aliados alzarse con la totalidad de los escaños-, de todas maneras, el juego sigue siendo desigual. La cohesión de la oposición permanece sólo en las formas.

La Venezuela «de enfrente» es hoy un país dividido, desencontrado. Mientras los «unitarios» de Podemos (escisión del chavismo), Primero Justicia (centro), Alianza Bravo Pueblo (conservador), Un Nuevo Tiempo (centroizquierda), La Causa R (de origen sindical), Movimiento al Socialismo (MAS) y los partidos del bipartidismo histórico de Venezuela -el democratacristiano COPEI y el socialdemócrata Acción Democrática- buscan aglutinarse en un proceso preelectoral democrático, Chávez contrasta profundizando día a día las maneras autocráticas de su régimen. Tiene suficiente espinel para hacerlo -y no porque últimamente haya pregonado que se vienen 11 años más de chavismo en el poder-: es que ni juntos, ni separados, los partidos opositores lograron, hasta ahora, un proyecto alternativo al de Chávez.

«Chávez retiene la chequera y todavía es el único a quien la gente reconoce como que puede solucionarle los problemas», dice Guillermo Zuloaga, presidente del canal de TV opositor Globovisión. «No hay hasta ahora ninguna oferta política distinta, como para decir por este otro camino yo puedo conseguir algo mejor», agrega.

Para el periodista Jesús Torrealba, «la oposición juega para Chávez, le facilita el trabajo». ¿Cómo? «El presidente es el jíbaro que tiene el monopolio de la droga más barata y adictiva que existe para los pobres: la esperanza», dice. «En cambio, la oposición, llena de facultos expertos, se la pasa pontificando sobre la inevitable tragedia que llega», explica.

En ese camino del anuncio sobre el desastre inminente e inevitable está, por ejemplo, el Foro Demócrata Cristiano, un grupo de políticos y ciudadanos de derecha (más aún que COPEI) «dedicados al estudio y análisis de la realidad nacional», que en su último documento público (14-01-2010), y «ante la gravísima situación que confrontamos», «de profunda y enfermiza insensatez de Hugo Chávez», exigió «la inmediata renuncia» del presidente.

Ámbito Financiero mantuvo encuentros con algunos de ellos, y ante la pregunta de cuál sería la propuesta en caso de que Chávez realmente elija dimitir, la respuesta fue difusa. «La oposición tiene que cambiar de actitud y entrar en confrontación: sólo así hay posibilidades de que Chávez renuncie», dice en ese foro Oswaldo Páez Pumar, vicecanciller durante la presidencia de Luis Herrera Campins (1979-1984). «¿Cómo pueden los dirigentes de la oposición pedir que se espere hasta las elecciones de setiembre y luego hasta las presidenciales de 2012?», pregunta en voz alta Luis Betancourt Oteiza. «¡Hay dirigentes (de oposición) que hasta le han pedido a Chávez que siga gobernando!», se indigna.

«Puede haber golpes buenos, como fue el del 23 de enero de 1958, que puso fin a la dictadura de Pérez Jiménez», señala en ese foro el abogado Ángel Bernardo Viso. «Chávez no puede tomar en cuenta a ninguna oposición porque él mismo encarna un proyecto totalitario, que excluye la alternativa democrática», prosigue. «El único camino es el arrebatón», concluye ante esta enviada especial.

Alejado de las alternativas propias del pasado -que como se ve, todavía viven en Venezuela-, el periodista Torrealba describe cómo es, para él, la polarización que percibe en las «bases» electorales del propio chavismo (los pobres). «La polarización en Venezuela es peligrosa, porque no es entre chavistas y antichavistas -no hay cabida para eso-, sino entre un país indignado porque no tiene energía eléctrica y un Gobierno inepto». «Como Chávez entiende perfectamente la situación, es por eso que está en la agresión permanente y en el discurso revolucionario de la confrontación ricos versus pobres, izquierda versus derecha, chavismo versus antichavismo», concluye. «Es Chávez quien le marca la cancha a la oposición».

Una variable no tan sosegada dio esta semana el presidente de ese partido, Luis Ignacio Planas, quien denunció que el Gobierno orquestaba un plan para remover a las autoridades del partido y reemplazarlas por «copeyanos truchos». «Sectores internos, de un COPEI pirata, buscan tomar por vías de hecho al partido y secuestrar la voluntad de la mayoría que se ha pronunciado a favor del cambio», dijo. Otra muestra más de las «alternativas» que Chávez puede crear, con sello propio, hasta en la más rancia oposición.

El pronóstico final, al menos para esta nota, no es grato. («Poco probable, pero no imposible» es la manera cómo los politólogos se libran de reclamos posteriores cuando yerran prediciendo escenarios.) «Si el chavismo se deteriora y al mismo tiempo, enfrente, no crece una opción democrática alternativa, vamos en Venezuela a un proceso de todos contra todos, de africanización de la política, de disolución del Estado». ¿Poco probable o posible? Las fuentes, en este caso, pidieron permanecer anónimas.

* Enviada Especial a Venezuela

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