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Osados ensamblajes del creativo Batalla
Sería interesante saber si los que las diseñan se basan en la geometría rectilínea y discontinua, predominio de triángulos, hileras de dentículos cortados que caracterizan a ciertos objetos de la primera edad del hierro llamada Hallstat, por su ubicación en el Tirol austríaco.
Batalla (Buenos Aires, 1967), comenzó ya hace algún tiempo a utilizarlas en bajo relieves de carácter austero por su color negro y por su combinación acotada de fragmentos. Actualmente se han vuelto joyantes por su cromatismo: plateado, azul, blanco, rojo, en combinación en algunos casos con el negro y un verdadero «tour de force» por la manipulación a la que las somete.
El tríptico «El Rinoceronte», ensamblaje de caucho sobre madera, de gran tamaño y que da nombre a la muestra es un ejemplo de la capacidad compositiva y osada utilización del material. Según Batalla, «el rinoceronte, utopía del siglo XXI, resume conceptos de tensión y fuerza por esa lejanía y espíritu de otra dimensión», este último, recurrente en su obra.
Del díptico de la pared pasa a la obra escultórica de bulto que yace tanto amenazadora como indefensa.
Se destaca también «Guardiero», suponemos, guardián de la muestra, obra compleja y dramática por su forma envolvente y que también exhibe salientes, dibujos vegetales, geométricas repeticiones, incisiones, características de este elemento que Batalla encuentra en su geografía bonaerense y al que ha resignificado y por supuesto dignificado.
Clausura el 9 de mayo .
En el mismo Centro, en la sala C, se exhibe «Mapas para perderse» del artista plástico Horacio Sánchez Fantino y el escritor Reynaldo Sietecase, ambos de la misma generación, nacidos en Rosario y que desde hace una década viven en Buenos Aires.
Acompaña esta singular muestra el libro del mismo título, una edición trilingüe, castellano, inglés, francés, seleccionado por el Gobierno de la Ciudad para participar en la Feria del Libro de Frankfurt del corriente año junto a un video que documenta el proceso creativo.
Según los autores, «es la historia de una búsqueda: un hombre perdido procura a una mujer perdida. Y los dos, prisioneros del deseo, recorren Buenos Aires como fantasmas incansables. Cuando los amantes están más cerca es cuando se alejan más». Letra que suena a tango, es el punto de partida para la invención de esta cartografía artística que, tratándose de nuestra ciudad, no puede soslayarlo.
Así se siente «Niebla del Riachuelo.te sigo esperando. nunca más volvió». La imagen no es la soleada Plaza de Mayo sino la neblinosa, de trágicas connotaciones. Hay mapas de milongas, todo un laberinto «dibujado con los pies» que recorren La Ideal, La Viruta, Gricel. Un hallazgo el «Mapa de Rosbaires», confusión de esquinas y lugares, de monumentos de aquí y de allá (allá es Rosario), ambos artistas la evocan.
¿Podían estar ausentes los cafés? El Británico, el bar de Cao, el Tortoni, Los 36 Billares, La Biela, según Sietecase, «refugio ideal para especialistas en nada».
Sánchez Fantino apela a un cromatismo bajo, nostalgioso, el trazado de mapa como fondo algo borroso, lo surca con señalizaciones, círculos, y a veces lo clausura con tiras que revelan recorridos inciertos.
Vamos por los barrios. A manera de petroglifos sobre madera, nítidas incisiones, Retiro, Barracas, La Boca o Quinquelandia «donde la ciudad se hace río de manera obscena», Etcétera.
Ojala Tá», vista aérea de la villa 31 y un extraordinario mapa de lata que domina a un extremo de la sala. Un gran ensamblaje de mil latas provistas por la Cooperativa El Ceibo y un explícito homenaje a Berni.
Vale la pena este recorrido por la misteriosa Buenos Aires, a la que amamos y por qué no, detestamos por igual a través de esta conjunción de imagen y palabra.
Clausura el 9 de mayo


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