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Otra de Cameron: ordenan cambiar bandera a los barcos de Malvinas
Héctor Timerman, William Hague, Amado Boudou
En la polémica también intervino el ministro de Relaciones Exteriores argentino, Héctor Timerman, quien aseguró que «la única vía que tiene Inglaterra para salir de este embrollo es la negociación directa» con el Gobierno local. De gira por Centroamérica para agradecer el apoyo de estos país al reclamo por Malvinas, el canciller resaltó ayer en El Salvador que «ni los diarios ingleses apoyan a Cameron. Hasta el más conservador, The Times, dice que tiene una estrategia errada, que es irreal lo que está haciendo».
Según Timerman, «esto demuestra que la estrategia argentina está dando resultados: logramos mucha solidaridad y compromiso de la región y de los organismos internacionales». El canciller argentino se refirió así al apoyo que dio la Asamblea General de Naciones Unidas al pedido impulsado por el Gobierno local de establecer una mesa de diálogo con Inglaterra para debatir el tema de la soberanía de las islas, así como el apoyo que los países integrantes del Mercosur dieron en su última cumbre en diciembre pasado al reclamo argentino.
Este aval se concretó en la prohibición de amarre de los barcos que portan la bandera del autodenominado Gobierno británico de las islas Malvinas en los puertos de estos países, medida que encendió la polémica en el Gobierno y en la prensa ingleses.
Luego de intentar revertir esta decisión de Uruguay y Brasil, Inglaterra finalmente buscó otra alternativa para el bloqueo. El canciller inglés anunció ayer desde Río de Janeiro que los barcos de las islas Malvinas que tienen prohibido atracar en los puertos de la Argentina y de otros países podrían cambiar el pabellón por el de los buques británicos para evitar la restricción. Hague señaló que «está claro que los buques que enarbolen la bandera británica deben tener acceso a los puertos de América del Sur como sucede en cualquier otra parte del mundo», y subió así la apuesta a la estrategia argentina, que criticó en duros términos al acusar al país de intentar «subir la tensión» entre ambos países.
Desde diciembre pasado los diarios británicos publican numerosas notas y columnas de opinión que hacen referencia a una «escalada de tensión» entre ambos países por la soberanía del archipiélago. Estas notas cubren todo el arco periodístico: desde quienes critican a Cameron por sus declaraciones, como The Guardian, pasando por teorías inverosímiles sobre un supuesto boicot de los barcos pesqueros argentinos en el Daily Mail, hasta la publicación de columnas de opinión de Timerman en diarios conservadores como The Times, como ocurrió el domingo pasado.
Más allá de las exageraciones y posturas, lo que sí es claro es que Malvinas es un tema central en la agenda política inglesa, no sólo por la próxima visita del príncipe William a la isla, sino también porque este año se cumplen 30 años de la guerra entre ambos países y los respaldos que ha logrado la Argentina por este tema en los últimos tiempos, aunque se utiliza el tema para distraer a la opinión pública, inmersa en la crisis europea.
En este sentido, el canciller argentino volvió a recordar ayer la resolución de las Naciones Unidas y resaltó que «no queda ninguna duda de que la Argentina busca una solución pacífica, negociada y civilizada». También destacó que el Gobierno no iba a «contestar ningún agravio de tono militarista de Cameron». «La mejor respuesta es reenviarle un libro de historia de regalo. Cameron no leyó ninguno de los libros de historia ingleses. No se entiende que el país que fue el símbolo del colonialismo en los siglos XVII, XVIII y XIX, e incluso en el XX, puede acusar a un país que ha sido víctima del colonialismo. La gente se ríe», remató el ministro.
Por su parte, el vicepresidente también volvió a intervenir ayer en la polémica y fustigó nuevamente al premier inglés, al acusarlo de «hablar sin vergüenza» de la palabra «colonialismo». Desde Mar del Plata, Boudou recalcó que los argentinos escucharon «anonadados» al primer ministro británico «hablar sin vergüenza, usar la palabra colonialismo hacia un país latinoamericano». En este punto, resaltó además el apoyo en este tema de los países latinoamericanos y señaló que esta palabra causa tanto dolor que «no debe sorprendernos la reacción de los países hermanos de nuestro continente ante semejante exabrupto».

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