Las novelas románticas son inagotables, aun cuando por lo general reiteran temas y ofrecen peripecias semejantes. Desde hace meses las listas de libros más vendidos hospedan en los primeros puestos distintas expresiones del género romántico. Y en muchas ocasiones siete de los diez libros de ficción son novelas de ese tipo.
En "Adulterio" Paulo Coelho cuenta de una mujer insatisfecha, una periodista casada con un hombre rico (todo ocurre entre gente rica y en Suiza) deseosa de aventuras las logra con un antiguo compañero que en ese momento es un prominente político. Las tres relaciones son un tanto sado-masoquistas, acaso porque el brasileño quiso salir a competirle a Erika Leonard James en la línea "erótico-romántica", calificada de "porno para mamás", de la saga iniciada con "Cincuenta sombras de Grey".
Al espiritualista Coelho su historia le permite un esperable final ejemplarizador, una moraleja que alecciona que de ese modo aventurero no se alcanza la verdadera felicidad. Algo que la señora E.L. James cultora del "porno soft" nunca se hubiera permitido. Y mucho menos D.H. Lawrence insigne maestro del tema con "El amante de Lady Chatterley".
Si con "Bajo la misma estrella", el estadounidense John Green revivió, actualizó y cargó las tintas del drama de "Love Story" que en los años 70 hiciera millonario al escritor Erich Segal. Pero John Green pareciera usar la novela romántica como vehículo para explorar temas de la filosofía o de la literatura fantástica que enriquecen sus relatos con intención de best sellers.
El más reciente caso de ingreso al ranking de más vendidos es "El intenso calor de la luna" donde la nicaragüense Gioconda Belli cuenta de una mujer de 48 años que decide redescubrir su erotismo "rebelándose contra el papel que le impone la sociedad a una mujer madura". Las escritoras argentinas dedicadas a la novela sentimental, en su mayoría son cordobesas, tiene también un lugar destacado, basta observar lo que leen las mujeres en subtes y colectivos, y muchas veces es alguno de los libros de Florencia Bonelli.
Un ejemplo interesante al respecto es el de la psicóloga francesa Agnés Martin-Lugand. Partiendo de la premisa de Freud sobre el duelo que dice que "contamos con que será superado tras un lapso, y consideramos que sería inoportuno e incluso perjudicial perturbarlo" escribió "La gente feliz lee y toma café, una novela romántica que parte de una situación dramática. Cuando se cansó de pasearla por editoriales y recibir rechazos, decidió hacer una autoedición digital que subió a la plataforma Kindle de Amazon ofreciéndola por 0,89 euros. Le pidió a parientes y amigos que la compraran para que apareciera entre los más vendidos, y lo logró. A partir de ahí se produjo el boca a boca entre bloggers literarios, y se convirtió en un fenómeno tal que la editorial Michel Lafon la contratara para que saliera en tradicional formato libro. Eso ocurrió en 2012, ahora Agnés Martin-Lugand acaba de publicar su segunda novela, "En mis manos la felicidad se me escabulle".
"La gente feliz lee y toma café es el nombre de un bar literario de París, dirigido por Diane (que nunca menciona obra alguna), una treintañera que pierde a su marido y a su hija en un accidente automovilístico. Comienza a vivir en un duelo permanente que la aísla de todo, y del que la saca por momentos Félix, su socio y mejor amigo, que es gay, para evitar sospechas de quien tiene el libro en sus manos. Finalmente Diane decide irse una larga temporada a un pueblo perdido de Irlanda donde curarse de su desdicha. Y allí va a encontrarse con un vecino malhumorado, que como en los viejos cuentos de hadas será el príncipe salvador, pero no tanto. El final que es del tipo "tutti contenti", puede dejar descontentas a las lectoras que adoran el happy end simple y fácil. Una clave de este sector de la novela romántica es ayudar a pasar el rato, y la francesa Agnés Martin.-Lugand eso lo tuvo bien en claro.
| M.S. |


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