Llegó con lo justo, demasiado exigido el motor alcista que tanto le respondió en la semana al Merval, se pudo dar el gusto de quebrar un nuevo techo del índice -los 3.900 puntos-, pero consumiendo el resto de energía. Las ruedas previas, tan exuberantes en volumen de efectivo, habían generado obligaciones tácitas (a menos que la oferta se encalmara sola) y desde los $ 116 millones, que quedaron chicos ante los $ 136 millones del miércoles, se abría la cuarta fecha pidiendo más demanda. La respuesta fue ortodoxa: con el monto negociado en retroceso, hasta los $ 111 millones de ayer, la variable de ajuste pasó por los precios de las acciones. Un "descreme" clásico, toma de utilidad, emparentada con las cotizaciones en Nueva York y el Merval quedando al cierre con cifra de 3.865 unidades y el casi 0,5% de rebaje. De todas formas, un precio sumamente acomodado en la baja (en virtud de cómo se vino trepando). En el exterior, el panorama tampoco ayudaba, dando la nota el Dow Jones, que salió de la baja regulada y tuvo que acusar el 1,4 por ciento de descenso.
Los de Europa se sumaron a la tónica, con malos resultados, extensivo a los asiáticos y donde el Nikkei tuvo que soportar más del 2% de rebaje (con lo que el Merval se constituye en el nuevo líder del año). Total de 25 plazas con alzas, por 46 en pérdida, en el panel líder se anotó el sufrimiento mayor: varias del 3% basta más del 5% de rebaje, con G. Galicia moviendo $ 24 millones, con $ 13 millones Tenaris, casi $ 18 millones en YPF y $ 11 millones en TECO. La rueda final trae consigo el suspenso por ver si la venta se acentúa -con más ritmo bajista-, o se retoma la trepada. Un saldo abierto. La Bolsa, en tensión.
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