Pactos ¿sólo para caballeros?

Edición Impresa

El 3 de julio de 1974, el entonces titular de la Unión Cívica Radical, Ricardo Balbín, se reunió con el jefe de la organización Montoneros, Mario Eduardo Firmenich. Se había convenido la confidencialidad del encuentro. Eran circunstancias políticas delicadas. Pero a posteriori Firmenich reveló la reunión a la prensa. De inmediato, una nube de reporteros rodeó a Balbín para pedirle confirmación del hecho. La respuesta del histórico líder radical fue tan escueta como contundente: «Ese señor no es un caballero». Y no agregó una palabra más.
En concreto, Firmenich violó en aquel entonces los mismos códigos a los cuales hizo referencia ahora el titular de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcati, luego de que voceros presidenciales -oficiosos primero, oficiales después- revelaran las conversaciones reservadas que había mantenido con el ministro de Planificación, Julio De Vido, en el marco de un conflicto agropecuario irresuelto, próximo a cumplir un año. «El Gobierno no tiene códigos», se enojó el dirigente agropecuario. Pero cuando le preguntaron si estaba arrepentido, dijo que el tema merecía «asumir un riesgo y la responsabilidad de buscar una solución para el conjunto». Y concluyó: «En ese sentido, en otras condiciones, lo haría nuevamente».
Existen en la vida política de un país situaciones de fragmentación, crispación y aun violencia que a veces llevan a los referentes políticos a explorar canales impensados de diálogo y recomposición. Claro que, en tales instancias, la prudencia y la discreción son esenciales.
Poco tenían en común dos personalidades como las de Firmenich y Balbín. Los reunió la emergencia: la cita tuvo lugar dos días después de la muerte del entonces presidente de la Nación, Juan Domingo Perón. Al revelarla, el jefe montonero buscaba una legitimación de la cual carecía en la escena política. El resultado fue tan inverso como el que obtuvo ahora el Gobierno con su jugada.

Dejá tu comentario