26 de noviembre 2015 - 00:43

Pactos y ensambles en sinuoso mapa de la seguridad macrista

Guillermo Montenegro
Guillermo Montenegro
 Marcos Peña forcejeó, pero, al final, su opción para bendecir al exjuez Guillermo Montenegro como ministro de Seguridad naufragó por una decisión directa de Mauricio Macri. El atajo fue Patricia Bullrich, que hasta anteayer lucía como una pieza clave del macrismo para negociar en la cancha más barrosa de la transición: el Congreso.

La variable Bullrich irrumpe en un ajedrez dificil, quizá el más áspero de los que deberá desanudar Macri fuera de los tironeos políticos con el peronismo y del menú económico: el expediente de la seguridad, que con el manejo de Nación, provincia y Capital se ramifica y enturbia porque deberá administrar tres fuerzas policiales con lógicas y sistemas propios, el combo de las fuerzas de seguridad y la butaca más incendiaria: la AFI.

La ex SIDE fue uno de los lugares que, en la enumeración de cargos que hizo ayer Peña, quedó pendiente. "Un amigo de Mauricio: ahí solo puede ir alguien propio", dicen en el macrismo y la descripción encaja con José Torello, apoderado del PRO, uno de los operadores en la Justicia y, además, amigo desde hace décadas del presidente electo.

Lo de Torello asomó y se diluyó en la marquesina del PRO: primero pareció un hecho y luego dejó de sonar. Ayer, en fuentes judiciales, se mencionó a Montenegro y en otros circuitos se habló de una figura vinculada a Daniel "Tano" Angelici, presidente de Boca, otro amigo de Macri y con terminales en sectores de la Justicia. En el planeta Macri hay dos entidades judiciales: Torello y Angelici.

Como en un juego de compensaciones, el fiscal Raúl Pleé, de nexos con Angelici pero de la familia judicial, se convertirá en secretario de Seguridad, el lugar que ocupó estos años Sergio Berni. Pleé será vice de Bullrich, presidente de la Comisión de Legislación Penal, que cuando era socia de Elisa Carrió transitaba la agenda de Seguridad. De rebote, sale del scrum macrista legislativo, que deberá cohabitar y negociar con el peronismo, una de las figuras más resistidas por el PJ y, en particular, por el kirchnerismo.

En los aprestos de convivencia nada se compara con la transición en Buenos Aires entre Alejandro Granados y Cristian Ritondo. El ministro sciolista juntó a los jefes de la Bonaerense. "Les presento al mejor ministro de Seguridad", dijo señalando a Ritondo, que mantendrá a Fernando Jantus, un hombre de Granados, al frente de la coordinación de las Policías Locales. Jantus era el futuro ministro si Julián Domínguez llegaba a gobernador. No ocurrió y, al menos en el segmento Seguridad, la transición entre Granados y Ritondo parece la transición de dos ministros de un mismo signo político. Son peronistas, claro. ¿La continuidad puede incluir a Hugo Matzkin, jefe de la Bonaerense? El uniformado volvió a la carga ayer para perdurar. La ficha está en manos de Vidal.

Ritondo llegó al cargo por pedido de Macri y María Eugenia Vidal y puso, entre otras condiciones, que se vuelva a fusionar Seguridad y Justicia. En este área tendrá incidencia también Julio Conte Grand, que será asesor general de Gobierno bonaerense.

El único casillero que queda vacante en materia de Seguridad es el ministerio porteño, que depende de Horacio Rodríguez Larreta, y donde se menciona a Daniel Presti. Los cargos porteños parecen, una opción secundaria: Presti suena como "Señor 8" de la AFI si Torello acepta ser jefe de los espías. Sobre Seguridad porteña se mencionó, en otros círculos, a Eugenio Burzaco.

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